Más tendencia; menos transferencia

| LOIS BLANCO |

OPINIÓN

01 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL BCE ha concluido que el milagro económico español tiene su razón de ser en el crecimiento exponencial de la inmigración. El INE publicó ayer los datos de población extranjera del 2005, la cual aumentó el 11%. La proporción de extranjeros residentes ya alcanza el 9,3%, pero cada mes que pasa Extremadura (2,5%), Galicia (2,7%) y Asturias (2,8%) se distancian más de una tendencia que explicaría los misterios del crecimiento continuado de la economía nacional. Otro pilar del desarrollo en los tiempos que corren es la nueva economía; un concepto difuso que incluye el uso de tecnología, la banda ancha y la innovación. También ayer, un instituto independiente publicó la relación de comunidades españolas con empresas conectadas a Internet. La primera en la carrera es Navarra; la última, Andalucía; y la antepenúltima, Galicia. Si en vez de una Xunta que actúa casi siempre por reacción hubiese otra que lo hiciera por anticipación, las prioridades no serían las transferencias, sino las tendencias. Desde los tiempos de Fraga, la gestión autonómica ha dedicado tiempo y esfuerzos a engordar la estructura administrativa, asumir nuevas atribuciones y, muchas veces, tragar también con su coste. Después del fracaso colectivo del Estatuto, el vicepresidente de la Xunta viajó a Madrid con la ristra de nuevas competencias que debiera gestionar la Xunta. Dicho de otro modo, después de tantas vueltas estatutarias volvemos al fraguismo y a sus visitas por los ministerios con la demanda de equis transferencias al amparo de los dos argumentos que indistintamente utilizó Fraga y ahora Quintana: el artículo 150.2 de la Constitución y la teoría de la subsidiariedad. Gestionar tendencias en vez de transferencias resultaría menos rentable en las urnas. Pero los desafíos no se resuelven si el tiempo y los esfuerzos se dedican a hacer lo que ya hacía Fraga, sea con retórica galleguista, nacionalista o federalista. A Madrid puede echársele un pulso para gestionar lo que ya existe, pero lo rentable para los gallegos sería pelearse por las infraestructuras y la tecnología que permitan algún día la verdadera autonomía de Galicia. Esa que no se conquista con reformas estatutarias, sino con la libertad que confiere ser un territorio que genera más riqueza que los demás y que se independiza de las subvenciones estatales y de las migajas de las partidas dedicadas a la solidaridad interterritorial.