ES LO bueno de la demagogia: que exime del pesado suplicio de la coherencia y de la responsabilidad. Esas que exigen no cambiar de discurso según el auditorio y no afirmar por la mañana lo contrario de lo que se afirma por la tarde. La propuesta del BNG para privatizar el astillero de Navantia y su solicitud de que las competencias de salvamento marítimo se transfieran a Galicia han puesto al descubierto la ligereza demagógica con que nuestros partidos de Gobierno intentan hacernos comulgar con ruedas de molino. En los dos casos, el PSdeG y el BNG, socios a palos en la Xunta, han entrado en flagrante contradicción, como queriendo dar la razón a don Emilio Castelar, gran tribuno y presidente de la Primera República española, cuando afirmaba que la fuerza de las coaliciones para derribar es siempre muy superior a su capacidad para crear. Pero no es el desacuerdo entre socialistas y nacionalistas en dos asuntos de importancia lo que más sorprenderá a quien haya seguido en estos días la política gallega. Más allá de ese enfrentamiento, al que ya empezamos a estar por desgracia acostumbrados, es el descarado propósito del Partido Socialista gallego de ser el muerto y dar el pésame lo que produce una sensación de tomadura de pelo inaguantable. Uno puede estar en contra o a favor de que España cumpla con los compromisos adquiridos en Europa en el sentido de que no se construyan buques para usos civiles en Astano. Lo que no se puede es estar, al tiempo, en contra y a favor, que es lo que han hecho, para pasmo general, los socialistas de Galicia. ¿O es que no pertenecen al mismo partido los diputados que votaron a favor de tal iniciativa en el Parlamento gallego y el que anteayer (Xavier Carro) actuó como portavoz del PSOE para rechazarla en el Congreso? ¡Así cualquiera! Del mismo modo, cabe compartir o no la pintoresca teoría según la cual todas las competencias transferidas pasan a ser administradas por las comunidades autónomas con virtud angelical frente a la supuesta burrería centralista con que se gestionan en Madrid. Es poco presentable, sin embargo, que el presidente de la Xunta desautorice la propuesta del BNG de que se transfiera el salvamento marítimo a Galicia argumentando que lo importante no es quién tiene la competencia, sino cómo se gestiona. Pues ese presidente, por si ustedes ya no lo recuerdan, es el mismo que durante muchos meses ha defendido, imperturbable, que si no se aprobaba un nuevo Estatuto de autonomía y no se asumían, con él, nuevas competencias, Galicia bajaría a segunda división. Lo dicho: o se está en la construcción (de buques o naciones) o se repica.