EL DE PSOE y BNG fue un legítimo matrimonio de conveniencia. Pero muchos votantes, que suspiraban por un giro tras casi tres lustros con Fraga, confiaban en que con el roce vendría el cariño. O al menos, creían que la pareja alcanzaría un pacto de no agresión y mutuo apoyo, como esos viejos matrimonios en los que una rutina educada suple al amor. Si papá y mamá no se adoran, pero guardan las formas y se respetan, el hogar puede funcionar. Pero si papá y mamá se dedican a ponerse chinitas, la casa común renquea. Es normal que dos partidos de escuelas distintas rocen, y más cuando uno de los socios carecía de toda experiencia de gobierno fuera del ámbito municipal y vivía instalado en la utopía del «cando cheguemos nós, xa veredes...». Por eso nadie hizo demasiados aspavientos ante las primeras zancadillas, anecdóticas y soterradas, bajo la mesa del bipartito: contraprogramación de actos, lizas por las fotos, puyas parlamentarias, rótulos que derivan en jaleos... El problema llega cuando surgen indicios hondos de descoordinación en el Ejecutivo, porque eso sí lo paga Galicia. No es muy usual que en un Gobierno parte de los ministros reporten a un jefe y la otra mitad, a otro. Tampoco se entiende que un conselleiro de Industria se lance a apadrinar una operación como la de Barreras si no tiene el respaldo de su superior último, es decir: su presidente. Algunas secuencias de actuación de nuestro tándem pasman al observador ingenuo. Repasemos: Paso uno: el conselleiro de Industria abre contactos con las cajas gallegas y con Barreras para auspiciar una salida comercial privada al astillero infrautilizado de Astano. Semeja una buena oportunidad para Galicia y parece contar con el respaldo del presidente, que incluye el plan en su lista de rogativas para la reunión del pasado día 6 con Zapatero en La Moncloa. El día 13, PSOE y BNG siguen trabajando en apariencia codo a codo, y logran que el Parlamento gallego respalde de forma unánime el proyecto. Sin embargo, el pasado martes, día 27, el PSOE vota en Madrid contra la propuesta para Astano, con un diputado socialista gallego cargando contra una idea que en teoría apadrinaba toda la Xunta. El rechazo del Congreso llega sólo tres días antes de que un conselleiro nacionalista viaje a Bruselas para defender la opción de Fene. ¿Cómo puede comprar Europa un plan que ha sido despreciado por los propios socios del político encargado de defenderlo? La ocasión de Barreras ya voló. Pero cuando pase el calenturón de las municipales, los dos socios deberían hacer un esfuerzo sincero de lealtad mutua. Porque los codazos del Gobierno le caen en las costillas a Galicia.