Por convicción

La Voz

OPINIÓN

LOIS BLANCO | O |

21 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

LA tarde que Zapatero confirmó la composición de su primer Gobierno, el socialismo autonómico se felicitó por la presencia de dos gallegas en el Consejo de Ministros y se reivindicó el mérito de colocar a dos elenas con raíces ourensanas a la vera del presidente pacificador. A Elena Espinosa se le telefonea con frecuencia para que los fines de semana participe en actos electorales del socialismo autóctono; a Elena Salgado dejaron de convocarla hace tiempo. Primero, porque la ministra nunca sintió la llamada de la sangre y se cuidó de sacudirse con elegancia la denominación de origen que por interés le colocaba el PSOE gallego. Segundo, porque Salgado dejó muy pronto de ser un agente electoral interesante por la deriva prohibicionista de sus leyes. La ministra ha ido construyendo estos últimos dos años las reglas de una sociedad a su imagen y semejanza, hasta que su fundamentalismo ha puesto en peligro las perspectivas electorales de su partido en las autonómicas y municipales de mayo. La exclusión del vino y de otras bebidas de fermentación (cerveza; sidra) en la ley antialcohol habría permitido a Elena Salgado salir airosa en la negociación con los productores, y subyugarse con las palmaditas que le darían Zapatero y el aparato del PSOE. Porque no ha dado su enjuto brazo a torcer y ha preferido la desautorización pública de su Gobierno antes que una ley antialcohol descafeinada, su derrota es bastante más noble que la de su presidente, Manolo Chaves, y la del ex ministro Javier Arenas. Dos de cada tres andaluces mayores de dieciocho años confirmaron el domingo que la reforma de su Estatuto se la refanfinfla. Salgado se ha esnafrado por sus convicciones, mientras que los otros dos se esnafraron con la naciente nación andaluza porque no las tienen. lois.blanco@lavoz.es