PARA saber por qué la gente no vota en los referendos, habría que hacer otro referendo y preguntárselo: ¿por qué no ha querido votar usted? La respuesta consistiría en tachar con una cruz la razón posible. Y las habría de todo tipo: cansancio, gripe, dolor de muelas, cabreo con la pareja, promesas a la Macarena, comodidad, falta de emoción política, creer que su voto no era necesario, desconocimiento del Estatuto o pensar que, si los partidos habían hecho un enjuague entre ellos, con su pan se lo coman. Quiero decir que resulta muy complejo elaborar una tesis sobre la abstención en el referendo andaluz. En ese sentido, ¡qué admirables son los dirigentes de partido! Tienen las ideas clarísimas. Si quien expone la tesis es don Gaspar Zarrías, socialista, no cabe duda: el culpable de la abstención es el electorado del Partido Popular. Si quien habla es don Ángel Acebes, estamos ante un fracaso personal y político del señor Zapatero. Así se manipulan y simplifican las actitudes populares. Lo único seguro es que las consultas a través de referendo no disfrutan de buena salud. La Constitución Europea fue votada por poca gente, a pesar de la inmensa propaganda. El Estatut de Cataluña no fue refrendado ni por la mitad del censo, a pesar de la tensión política. Lo mismo pasó en Portugal con el aborto, pese a que la Iglesia se había volcado por el «no». Y en Andalucía se produjo una histórica abstención del 63%, sólo superada por Galicia en 1980. ¿Qué significa esto? No es que los ciudadanos estén distanciados de la política, como tanto se dijo ayer. Están distanciados de determinado modo de hacer política. No les interesa la forma de participación que se les ofrece, de puro refrendo de decisiones tomadas. Tampoco les interesa el tono casi celestial, teológico, que tienen los debates, ajenos a los asuntos más próximos. Pasan de lo que suponen simples estrategias de poder. En el caso andaluz, han visto demasiados apaños, intenciones electorales, oportunismos y esa disquisición etérea que ha consistido en buscar un antiguo documento donde se habla de la región como «realidad nacional». Y han decidido pasar. Es lo más natural del mundo. Y, por cierto: también parece natural que no haya obediencia a las consignas y peticiones de los partidos. El PP y el PSOE pidieron juntos la participación y el sí. Ahora se echan las culpas, pero han pedido lo mismo. Y la sociedad les ha denegado la limosna. Ahora, en vez de indagar quién es más culpable, yo me iría a las encuestas oficiales sobre prestigio de las instituciones. ¿Y quiénes figuran en los últimos puestos? Los partidos políticos. Después de constatar eso, que nadie se sorprenda de que no los quieran obedecer.