ANTE el ataque del mandatario ruso en la Conferencia de Seguridad en Múnich, dicen que la Casa Blanca se quedó sorprendida. Pero la postura estratégica de Putin tiene una lógica perfecta, porque en la relaciones internacionales nada ocurre por casualidad. Tratando los temas de seguridad a escala mundial, se le presentaba una oportunidad única para demostrar que la decisión norteamericana de extender su influencia política y militar hasta las fronteras de Rusia, con bases de misiles en Polonia y Chequia, le ponen nervioso, y la considera una amenaza. Por eso ha lanzado un aviso de que no va a aceptar que EE.?UU. actúe como una potencia mundial sin límites. Putin tiene en sus manos una bazas estratégicas muy claras que puede utilizar. El veto en la ONU sobre Kosovo, el apoyo a Irán sancionado y las relaciones con aquellos países como Venezuela, en unos momentos en que los norteamericanos necesitan de su apoyo para sacar adelante temas muy peligrosos, como Irán, Irak y Afganistán, tan cuestionados en el interior y exterior de Estados Unidos. Por último está la incógnita de China, siempre más cerca de Rusia que de Occidente.