Una sociedad pegada al minutero


EL RITUAL era antes aquello de «el último, que apague la luz». Este jueves, durante los cinco minutos prefijados, todos hemos corrido para ser los primeros en cumplir con la adhesión al apagón universal contra el derroche energético.Esta nuestra se ha convertido en una sociedad que se ha pegado al minutero por salva sea la parte. Desde que Andy Warhol dijo aquello de que aquí todo el personal disfrutaría de sus 15 minutos de fama, la gente pensó que se trataba de poner en su sitio, sobre una peana, a la televisión, cuando lo que hacía el personaje era situar en su lugar el reloj. No sé si más allá del minutero, el segundero; entre uno y otros basculan los dioses de nuestro tiempo. Parecemos aquejados de eyaculación precoz en el pensamiento, la palabra, la acción y hasta las ambiciones. Todo hay que hacerlo tasado, precipitadamente, desde los triunfitos encaramándose en unas semanas a la lista de superéxitos de la canción, hasta los mileuristas que llevan en la mochila el bastón de los Curie y quieren inventar dos por el precio de uno, como en el supermercado, y en un momentito, entre el café de las 10.50 y el bocadillo de las 12. El secreto del campeonísimo del I+D+i estará en ingeniárselas para armar una pirámide, más o menos como las egipcias, en 12 o 14 minutos. Hasta para protestar tenemos prisa. Gastamos más en que vuelvan a arrancar los electrodomésticos que lo ahorrado en esos cinco minutos de apagón colectivo. El secreto ni siquiera está en protestar por el derroche energético, en el que casi todos somos actores y beligerantes, sino en hacerlo en el menor tiempo posible, acelerada, estúpidamente embalados. Nos hemos empeñado en llegar los primeros a ningún sitio, y si esta sociedad laica nos dejara mirar con curiosidad de arqueólogo, observaríamos que ni siquiera el Espíritu Santo, con inspirar tantas cosas, consigue ser el primero, que es tradición que tuvo siempre al Padre y al Hijo por encima.

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