Después de Risto

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |

30 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

NO se me caen los anillos. Me encanta Risto Meijide, el follonero de Operación Triunfo . Ya sé que está copiado de un producto norteamericano. Hay tantas cosas en nuestras vidas calcadas de las barras y las estrellas. Pero, en realidad, se basa en una gran verdad de la vida: con la autocomplacencia no se va a ninguna parte. Los que nos azuzan suelen sacar lo mejor de nosotros mismos. Risto se pasa, pero es el papel que tiene que hacer. ¿A qué nadie va al baño o a la nevera cuando el cizaña de Risto va a valorar a algún concursante, profesor de la academia o miembro del jurado? Operación Triunfo es un karaoke, una fábrica aséptica de tipos sin alma. De ahí sale un artista, el que ya lo era, por 50 fotocopias malas que no sirven para nada. Lo sabíamos todos. Lo mejor es que el programa se ha permitido autocriticarse y le ha dado micrófono a un personaje como Risto que dice lo que pensábamos los demás. A ellas las visten como prostitutas, y a ellos de payasos, señaló. O lo que le soltó a aquella concursante: «Eres como un consolador. Perfecta en la ejecución, pero fría en el sentimiento». Ya circulan las citas con sus mejores salidas de tono. También los concursantes se salen de tono cuando cantan y, antes de Risto, nadie se había atrevido a decirlo en voz alta. Me encanta que esté siempre de mal humor, pitufo gruñón de una academia de plástico, con candidatos que parece que cantan con la testosterona en vez de con la garganta. Con alguno habría que utilizar sus propias cuerdas vocales para colgarlo. Es sólo una metáfora, tipo Risto. Es un gruñón que señala el esperpento. Se lleva un libro para no aburrirse y regala consejos muy útiles: vuelve a tu orquesta o debes presentarte a Operación Cachas . En la sociedad española su nivel de cabreo sólo lo alcanza otro personaje: Mariano Rajoy, claro. cesar.casal@lavoz.es