Apellidos

JUAN J. MORALEJO

OPINIÓN

27 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

LA ONOMÁSTICA gallega ha sido víctima de un estúpido y terco proceso de castellanización, pero tal vez no tanto como suponen algunos de sus denunciantes. En algunos aspectos de esa castellanización una mejor información filológica aconsejaría matizar y rebajar las descalificaciones habituales. En Galicia gran parte de los apellidos Losada, Puente, Soto, Villarino y un etcétera kilométrico son traducción innecesaria y «finústica» de los gallegos Lousada, Ponte, Souto, Vilariño..., pero tal vez la enmienda no pueda extenderse a la totalidad porque Losa, Losada, Puente, Soto, Sotillo, Villarino... son topónimos de áreas leonesas, asturianas y castellanas y posible origen de apellidos con presencia real, no reconvertible, en Galicia. Un ejemplo reciente es el de la plaza santiaguesa de Puente Castro, con un Puente gaditano que a algunos puristas se les antojaba Ponte. Decir, por ejemplo, que Toxo o Xesteiro ya sólo aparecen en su versión españolizada es una tontería con balcones a la calle. Empezamos con Xesta, Xesteira, Xesteda, Xestosa... y anotamos que su única versión españolizada -castellana, asturiana o leonesa- estaría en Hiniesta, Henestosa, Genestosa... y supongo que también en Ginestar, Ginestosa, etcétera, de área catalana. Que Gesta, Gestido, Gesteira... y Tojo, Toja, Ginzo, Sangenjo y mil topónimos y apellidos más tengan G o J no tiene en sí mismo nada de castellano ni de deturpación españolizante. Para empezar, tienen las mismas G y J con que se escriben en lengua portuguesa y están en la misma tradición gráfica y ortográfica que para miles de nombres propios y comunes está vigente desde orígenes griegos, latinos, germánicos... en la totalidad de lenguas europeas de las que la gallega forma parte por orígenes y por tradición cultural. A la G y la J hay que añadir X; la J es adaptación renacentista de la I latina para atender tales o cuales conveniencias gráficas. Dejo de lado tiquismiquis que no afectan a la claridad del panorama total. Pero a los hablantes de la lengua gallega les cayó la bola negra de ser alfabetizados exclusivamente en castellano y según sus reglas ortográficas y ortofónicas, de tal modo que la lectura de Sangenjo, Tojo, Gesta... acabó en un festival de jotas que no traducía ni españolizaba nada, salvo algún caso como Tojo / Toxo, pero escarallaba todo, dicho sea sin perdón. No falta razón a los lusistas o reintegracionistas en defender las grafías tradicionales Sangenjo, Toja... con la correspondiente escolarización en gallego, pero hay que comprender a quienes propusieron las grafías Sanxenxo, Toxa... para escapar de un vicio que, insisto, nada tenía de «traducción» o españolización porque sus resultados no significaban nada en el diccionario y el uso castellano / español o significaban lo inimaginable, por ejemplo, que el monte Gesteira debiera su nombre a ser escenario de las gestas de Breogán. Lo de menos es que a algunos beatos del purismo se les antojase que la J era estigma de moros y que al señorito urbano le pareciese que esa J en la llamada geada era síntoma de pailanismo e incultura. Bueno, mucho más habría que decir y, si nos pusiéramos muy estreñidos, hasta podríamos sospechar que Bieito Lobeira es deturpación de Benedictus Luparia.