Tengo ganas de elecciones

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

LA POLÍTICA española está más espesa que nunca. Su único tema, el terrorismo, sólo sirve para escenificar el divorcio entre partidos y una carencia de altura moral que presagia malos tiempos. Su gran protagonista es el preso preventivo De Juana Chaos, al que una serie de increíbles errores judiciales y fiscales, provocados por la presión mediática y por el desenfoque intelectual de los partidos, logró convertir en un dilema político de pésimo pronóstico. Y su única perspectiva es la de seguir así, huyendo hacia delante, hasta que nuestras esperanzas se hundan en una espiral de demagogia y ceguera política sin límites. Y la política gallega es frívola a rabiar, sin capacidad de encontrar su propia línea, sin cerrar ningún acuerdo institucional, y sin que nadie perciba el cambio que con tanta ilusión nos prometíamos. En los días pares se alumbran y pregonan insólitas genialidades, que luego se entierran en los días impares. Y el hecho de gobernar empieza a parecerse a los partos múltiples con los que algunas especies garantizan la supervivencia. En los tiempos del franquismo sacudíamos la plomiza monotonía del régimen hablando de política internacional. Pero la presencia de Bush en la escena, y el diluido papel de la Unión Europea, nos están cerrando también esta salida. Por eso espero con pasión las elecciones municipales. Si analizamos la situación en pura lógica política, hay muchas razones para pensar que el Partido Popular está entrando aún en su fase de crisis, ya que, si en Madrid es evidente que el potencial de coalición favorece la posición del PSOE, que cuenta con el apoyo de todos los partidos minoritarios, también en Galicia se observa el pésimo buqué que destila el fraguismo y las enormes dificultades que tiene Alberto Núñez Feijoo para levantar un proyecto propio que se haga acreedor de una mayoría absoluta. Pero las encuestas no dicen exactamente lo mismo, porque, aunque es evidente que el PP va a sufrir la inevitable bajada que sigue a la pérdida del poder y a su escasa capacidad de coalición con otras fuerzas, también se percibe que la suerte de Vigo puede caer del lado de Corina Porro y que ninguna de las ciudades gobernadas por el PP (Ferrol y Ourense) se ha inclinado ya a favor de la coalición BNG-PSOE. Estas son las circunstancias que hacen grandes e interesantes unas elecciones municipales. Porque, más allá de lo que en ellas va implícito, representan una buena oportunidad para reactivar la política, regenerar el discurso e interpelar a todos los ciudadanos. Por eso se hace necesario que empiece pronto la lucha electoral.