Pardillos, que somos unos pardillos

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

¿OS HABÉIS fijado? Nuestra clase política se ha convertido en sexadora de las palabras que vienen de Batasuna. Entiéndase como sexadora aquella persona que se dedica profesionalmente a averiguar el sexo de algunos animales. Pues en esa entretenida función están. Habló Arnaldo Otegi -de quien dice Rodríguez Ibarra que tiene más protagonismo mediático que los ministros-, confesó algo sobre el estado de confusión de sus simpatizantes, y los sexadores vieron grandes señales en el cielo: «Algo se mueve en Batasuna», certificaron periódicos y políticos, con el lenguaje de quien ve pasar un fuego fatuo, pero no sabe qué anuncia. Habló después el sindicalista Díez Usabiaga, descubrió el Mediterráneo con su frase de que «con bombas no hay proceso de paz», y los analistas de guardia han vuelto a ver grandes señales en el cielo. Los demócratas somos gente magnífica, pero unos pardillos. Más inocentes que un cubo. Oímos esas cosas, y nos parece que la llamada izquierda aberzale se está dando golpes de pecho por las malas acciones de los gamberros de ETA, que, los pobres, no saben lo que hacen. Los imaginamos arrepentidos de sus antecedentes penales y llamando a las puertas del sistema, como hijos pródigos de Zapatero, para pedir un sitio en casa después de sus andanzas alocadas. Y hasta parece que el presidente del Gobierno, en su grandiosa buena voluntad, ha llegado a decir que Batasuna podría ser el instrumento para que los terroristas no sigan cultivando ese feo defecto de poner bombas, matar ciudadanos y destruir aparcamientos. Y todo eso no se produce porque los líderes de Batasuna hayan hecho algún gesto de aceptar la legalidad española o hayan amenazado a ETA con dejarla sin base social. Ni mucho menos. Sólo han hablado de «confusión», algo atribuido después a una mala traducción. El sindicalista que criticó la fea costumbre de hacer estallar bombas lo hizo poniendo la legalidad al mismo nivel que una acción terrorista. Y sólo se nos abrieron un poco los ojos a los demócratas cuando llegó este aviso de la policía: cuidado, que esos mensajes pueden ser ordenados por ETA para entretener el alto el fuego. Los etarras se lo están pasando pipa. Disfrutan como enanos. Han encontrado la fórmula para mover a los políticos y periodistas españoles con una sola frase. Si quieren ponerlos trágicos, dicen esa frase contra el Estado, y montan la mundial. Si quieren verlos festivos, siembran una pequeña esperanza. Llegan a conseguir que se convoque un pleno del Congreso. Y caemos en sus trampas una y otra vez. Y después acusamos a Zapatero de ingenuidad. ¡Pobre señor presidente! Si es ingenuo, pertenece a la especie más abundante en todo el territorio nacional.