NUESTROS líderes juegan los últimos envites de la partida estatutaria y, mientras, los gallegos, expectantes, se agolpan sin cesar en los quioscos... La última mano ha demostrado la habilidad de jugador de Anxo Quintana, quien ha practicado una larga cambiada con la intención de dejar desguarnecido al presidente de la Xunta. El movimiento es viejo y conocido, pero suele ser infalible cuando quien lo practica deja solo al contrincante ante la inmensidad de sus promesas. Quintana anunció ayer que por el BNG no va a quedar. Es decir, que si llegado el momento, su propuesta estatutaria no consiguiese el consenso necesario, él personalmente garantiza que el nacionalismo se conformará con lo pactado en su día con Touriño. A saber: que Galicia se definirá como nación en el preámbulo del nuevo Estatuto que ahora se elabora y que el texto no quedará ni un centímetro (o un milímetro: no me pidan en esto precisión) por debajo del Estatuto catalán. ¿Cuanta generosidad? En realidad, no. Más bien, ¡cuanta habilidad! Porque si de lo que se trata, a fin de cuentas, es no sólo de lograr que se apruebe el nuevo Estatuto que uno quiere, sino también de buscar un buen culpable para el caso de que encalle, Quintana ha logrado de una tacada, con su abrazo del oso, no un culpable, sino dos. Ciertamente, Touriño podría cumplir su pacto con Quintana, lo que aseguraría que el nuevo Estatuto no saldría, al no contar con los votos del único partido cuyo apoyo es indispensable: los del Partido Popular. Así, salvo que el PP enloquezca y apruebe aquí lo que consideró el fin de España en Cataluña, los culpables del fiasco serían los populares de Galicia. Pero Touriño podría también tratar de evitar el desastre político que supondría para él la frustración de una reforma de la que dice depende el futuro de Galicia, y animarse, en consecuencia, a mantener su pacto con Feijoo, ¡que es muy distinto del que cerró previamente con Quintana!. En ese caso, el BNG proclamaría que se ha traicionado su buena fe y su voluntad plena de consenso, y que el PSdeG y el PP son al alimón los responsables de que Galicia quede nuevamente aldraxada por los dos partidos estatales, fuerzas sucursalistas que no piensan en Galicia, sino en cómo cuadrar sus cuentas en Madrid. Y todo esto lo haría el BNG con la tupida red de protección que supone para él el hecho de que Touriño no pueda prescindir de su apoyo para mantenerse en la presidencia de la Xunta. Negocio redondo. No es de extrañar, a la vista de este impresionante panorama, que, mientras, los gallegos, se agolpen expectantes en los quioscos... para comprar el Interviú.