EN EL MENSAJE de S.M. el Rey destaca la importancia de la voluntad del consenso que en su día hizo posible la transición. El Rey es actor y símbolo de aquel magno suceso histórico, que dio lugar a la Constitución de todos y para todos, sellada con principios de reconciliación, concordia, generosidad y la común voluntad de construir una España democrática, por utilizar sus palabras. No resulta arduo inquirir el porqué de ese recordatorio. Circunstancias de la coyuntura política, apoyadas en un cambio generacional, han dado pie a actitudes revisionistas del pacto constituyente. El panorama colectivo que ha ofrecido el 2006 dista del que presidió el momento constituyente. Domina la radicalización y la división. Los partidos políticos la escenifican. Un caso paradigmático es el asunto ETA-Batasuna, que se ha colocado en el centro de la acción política. La última entrevista del presidente del Gobierno y el líder del PP confirman el distanciamiento. Hay puntos incompatibles. Ha de reconocerse que frente a la claridad y concreción de los puntos de vista de Rajoy, la hábil respuesta gubernamental ha sido etérea. La fe laica que se solicita en el presidente del Gobierno puede dañar la confianza cuando los hechos no se corresponden con las palabras. El lamentable atentado de ETA abre un nuevo panorama y otras posibilidades para el acuerdo. En el 2006 la sociedad ha quedado más dividida. Es posible que no lo esté en dos mitades. Pero una parte se ha sentido agraviada por políticas de la memoria y sobre valores que son convicciones. Un agravio difícil de olvidar en las urnas. Aunque, con cálculo, se haya tenido en cuenta, nunca es aconsejable despreciar innecesariamente posibles apoyos. El año que comienza va a ser decisivo en muchos aspectos. Se desvelará por fin cómo se presenta Batasuna a las elecciones vascas. Habrá elecciones autonómicas y municipales, que servirán de un cierto test de las elecciones generales, para consolidar la situación actual o cambiarla. Un año, por tanto, de todavía más intensa campaña electoral. El Tribunal Constitucional se jugará en alguna medida su autoridad en la resolución de recursos sobre el Estatuto catalán. Se verá en la tesitura incómoda de revisar lo que ha sido voluntad mayoritaria del pueblo catalán. También su finura jurídica se someterá a prueba cuando tenga que pronunciarse acerca de la reforma del Código Civil por lo que se respecta al matrimonio, sobre la que mostró su discrepancia el Consejo de Estado, a través de su comisión permanente, compuesta por personas cuya independencia está reforzada por el carácter vitalicio de su nombramiento. Por lo que a Galicia se refiere, quedará por ver si va adelante la reforma del Estatuto, cuándo y con qué respaldo. Deberes importantes para el 2007.