Un sector maduro

OPINIÓN

SIMÓN BALVÍS

PODRÍA compartir el criterio algunas veces expresado por las autoridades respecto a la madurez del sector mejillonero y, por tanto, la decisión de no intervenir en su presente y su futuro. Hay datos que abundan en esta madurez, como una facturación de un virtual clúster mejillonero que alcanza los 340 millones de euros, además del empleo y desde luego de la producción. Más dificultades tendríamos sin embargo si nos fijáramos en las estrategias comerciales, y sus logros, o las capacidades de gestión de la producción de sus diferentes organizaciones. Porque a nadie se le escapa que, diez años después de la creación del Consello do Mexillón, las estrategias por éste desarrolladas, pero muy principalmente por las distintas organizaciones empresariales del sector no llevaron, ni mucho menos, a dar el salto empresarial y comercial esperado. Por eso sorprende que ante un mensaje de madurez y autonomía del sector, las propuestas y medidas anunciadas se inscriban en el proteccionismo, puesto que si la marca de calidad y origen Mexillón de Galicia podía ser un instrumento coadyuvante, no pueden entenderse como adecuadas para recuperar y mejorar posiciones en los mercados algunas medidas recientemente anunciadas de inequívoco carácter proteccionista. ¿Cómo interpretar si no la insistencia en la caracterización genética del mejillón gallego, independientemente de si con lo ya conocido y publicado es suficiente, o este nuevo hallazgo de un decreto que ya obliga a lo que es obligatorio: indicar el origen del producto, específicamente para el mejillón chileno? La expansión del mejillón en los mercados nacionales e internacionales y la competencia en ellos son imparables, y tan sólo se resuelven favorablemente para los gallegos en términos de capacidad y eficiencia, desarrollando una amplia estrategia comercial y organizativa, sostenida en un conocimiento exhaustivo del producto y del mercado, y sus tendencias, y en una organización empresarial profesional. Porque o se encuentran estrategias propias, o las ajenas harán que el producto y los productores gallegos continúen perdiendo mercados y rentabilidad. Sobre todo si se simplifica el problema y se insiste en poner puertas al campo. Sin mayor innovación.