A CONTRACORRIENTE. Me sitúo a contracorriente y reivindico la Navidad, la que se asienta en la tradición, en el conjunto de tradiciones europeas, occidentales y cristianas en las que militamos desde el nacimiento de Europa, desde el inicio del Estado moderno. Me posiciono en contra del pensamiento débil y de lo estúpidamente correcto. Cuando se arma el belén con paripés que están más cerca de la anécdota que de la categoría, contemplo el nacimiento, las imágenes que reconstruyen una estampa de la historia, de la sagrada y de la memoria laica, y me consta que a nadie bien nacido puede ofender la expresión de la fe popular. Elogio la Navidad, profundizo en la reflexión, me detengo en el abrazo y vuelvo a la familia como célula básica. La Navidad es efímera, dura sólo una noche y continúa lo que mide el día siguiente. Sólo eso. El mes que la circunda, en las sociedades del bienestar, es una orgía del consumo que aunque pueda parecer lo contrario es absolutamente legítima, máxime en un país que todavía recuerda las carencias y los ayunos. Bienvenida, Navidad, te saludo de nuevo y proclamo en una frase tu mensaje universal de paz a todos los hombres y no oculto la llamada de gloria a Dios en las alturas. Y pongo frío y humedad, un frío antiguo como de cuento de Dickens y recupero el abrazo y el reencuentro con el pueblo y los amigos, los olores de la Navidad, y para quien vive lejos les aseguro que uno de los placeres esenciales reside en frecuentar bares y tabernas, detenerse en los recuerdos, volver a contar la anécdota mil veces referida en las horas previas a la cena de Nadal. Y desmiento que sea una fiesta conservadora. La Navidad no es de derechas, hay una patria navideña que reside en la infancia, en el territorio feliz de los niños, en un país de alegrías perpetuas. Y se instala en nosotros para siempre. No hay que evitar la tristeza de evocar a los ausentes. Cada Nochebuena acude la memoria de los abuelos a la mesa grande donde se dispone la cena, y el primero de los brindis es para los que ya no están. No existe razón alguna para evitar el homenaje. Homenaje que quiero participar a todos ustedes con una felicitación explícita escrita en este texto que lleva mis mejores deseos de solidaridad, de templanza y de amor por la cultura, lo que se dice felicidad. Bo Nadal.