LA ESTRATEGIA de los partidos políticos en las democracias modernas pivota sobre la permanente búsqueda del centro, hacia la conquista del amplio espacio electoral que huye de los extremos ideológicos. No lo hacen por una reflexión filosófica seguidora de la doctrina aristotélica de que en el centro está la virtud, sino por empirismo sociológico, por constatación de que la gran mayoría de los ciudadanos se autodefinen por el rechazo de los radicalismos. Por ello los antiguos conservadores se orientaron hacia el liberalismo y la izquierda ensayó la nueva socialdemocracia de la tercera vía. En España, la transición la dirigió un partido centrista, la UCD; tomó el relevo un PSOE que había renunciado al marxismo, y le sucedió un PP ofertando reformismo. Lo sorprendente de la actitud del PSOE actual ha sido su sistemático alejamiento del centro electoral. Las políticas civiles, educativas, económicas, de reestructuración del Estado, del antiterrorismo, de las alianzas internacionales, inmigración y tantas otras facetas, se han revestido de un claro carácter radical, formuladas desde una aparente voluntad de diálogo, pero cuya intención efectiva procuraba la eliminación del adversario en la oposición. Los sondeos, incluso el oficial del CIS, registran un descenso permanente de la intención de voto al partido del Gobierno. Y hechos verificables, como el referéndum estatutario y las elecciones catalanas, ratifican tal declinar. Sin embargo no se atisban cambios sino la acentuación de la política de polarización gubernamental. Las dos últimas iniciativas son expresivas de este nuevo talante. Montilla, en Cataluña, cuestiona el gozne económico de los Estados de derecho, la libre disposición de la propiedad personal. Su iniciativa de expropiar viviendas vacías para arrendarlas de manera forzosa, afectará a las clases medias menos pudientes y carentes de poder, no a las grandes fortunas ni a las inmobiliarias mejor posicionadas. Y en el Parlamento español, la ley de la memoria histórica trastoca el espíritu de la transición, el acuerdo de olvido voluntario en aras de la paz, el futuro y una Constitución integradora. Que no menospreciaba a las víctimas de la contienda civil y sus secuelas, sino que remitía sus problemas a soluciones personalizadas y humanitarias. Con un ánimo de reparación sincero y fuera del cálculo político. Desde una visión natural, desde el análisis sociológico, es difícil comprender la política socialista y del equipo de Zapatero. Se desconoce el pensamiento y los cálculos de sus estrategas, nadie comprende su lógica y sus claves, tanto sociales como electorales. Este alejamiento del paradigma centrista no sólo está ocasionando un serio desgaste al PSOE, sino que está provocando un creciente e inmerecido malestar y crispación en toda la sociedad. Comienza a ser urgente una reorientación integral.