Valientes

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

DICE el clásico que la valentía es el paso que hay que saber dar entre la razón y el deseo. Nos falta valentía, mucha. El valor ya no se le supone a nadie. Nos quieren miedosos, escondidos entre el temor y el horror. Nos consumen con las Navidades y nos rebajan con las rebajas. Asustados por los telediarios, estamos. Nos quieren empeñados en empeñarnos en los hangares de los centros comerciales. Esa luz cegadora de las tiendas. Quieren que las tarjetas echen humo para que luego lleguen las facturas y nos despeñemos en caída libre. Un hombre con deudas es un hombre angustiado. No nos quieren libres. Nos prefieren atados a la cama del matrimonio patrimonio, idiotizados con la pecera de la televisión. Un hombre libre piensa y es capaz de realizar sus pensamientos. Baltasar Gracián escribió que de nada sirve tener la chispa de la idea si detrás no le ponemos el corazón para realizarla. Los seres humanos del primer mundo, hechos un nudo con mil compromisos, no pensamos, no hay chispa, y si la hay, no hay corazón para realizarla. Ya piensan por nosotros. Es el miedo al miedo. De rodillas, somos más bajitos. De pie miramos a los ojos y podemos desafiar. ¿A un esposo se le llama así porque te esposa? El filósofo José Antonio Marina ha escrito un libro poderoso, Anatomía del miedo . En el texto empieza con el miedo y termina con su antídoto, la valentía. Finaliza con unos versos bellísimos de Keats, algo así como que el paraíso es unir la danza con el bailarín. Actuar libremente y bailar sobre el escenario de la vida pendientes sólo de la magia de la música. Sin importarnos el público, la envidia, ni la crítica, ese qué dirán, tan español. Y estoy de acuerdo con él en que el desarrollo máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica, que es la bondad. La acción valiente y bondadosa nos hace libres. cesar.casal@lavoz.es