¿REVISIONISMO o no? Reescribir la historia es algo peligroso. Que los políticos intenten llevarla a otros ámbitos sólo puede abrigar razones interesadas. El mejor ejemplo, el seminario internacional sobre el Holocausto judío celebrado en Irán. Historiadores negacionistas convocados por el presidente Ahmadineyad, refutaron el genocidio de seis millones de judíos en la Segunda Guerra Mundial y cuestionaron la existencia de las cámaras de gas. Si la estrategia revisionista se pone en marcha, no se dará respuesta ni a las inquietudes de los ciudadanos, ni a las expectativas de los vencidos en la Guerra Civil. Hace meses que asistimos a un macabro escaparate: esquelas publicadas en dos conocidos diarios, en las que se percibe un hedor a podredumbre revanchista. Diputados socialistas y populares se hermanaban esta semana, en la cena de la Asociación de Periodistas Parlamentarios. Deberían tomar el mismo derrotero en el asunto que nos ocupa, y dejar la historia para los historiadores. Según el británico Anthony Beevor, «los excesos del franquismo son conocidos, sin embargo, la izquierda debería ejercer un papel de autocrítica para poner cada cosa en su sitio y no ser autocomplaciente». Memoria histórica es investigar qué pasó con los coruñeses asesinados el 24 de marzo de 1973. José Fouz Escobedo, Jorge García Carneiro y Fernando Quiroga Veiga, tres veinteañeros que viajaron a San Juan de Luz para ver El último tango en París , fueron abordados por un grupo de etarras comandados por Tomás Pérez Revilla, con frases despectivas su acento y procedencia. Murieron tras ser cruelmente vejados y torturados durante horas. Sus cuerpos fueron ocultados y 33 años después este horrible crimen sigue sin solución.