NOTICIAS que de día en día, delante del televisor, escandalizan al personal con el mapa de la corrupción. Salta la pregunta. ¿Hasta ahora no había indicios de lo que ha explotado? ¿O es que la proximidad de elecciones municipales abre la estrategia de sacar a la luz de los medios los asuntos pendientes por corruptelas urbanísticas? El problema tiene varias caras. La que se le queda al paisano que lleva tiempo sospechando y comentando en voz baja que en su ayuntamiento pasan cosas raras que tienen que ver con las relaciones entre gobierno municipal y constructores. La que se les queda a los jóvenes que preguntan por el precio de una vivienda y no sólo no llegan a disponer de economía para aproximarse a las condiciones, sino que, tras mejorar, cuando vuelven a preguntar, los precios ya han subido. La que ponemos cuando nos enteramos de cuál ha sido la última recalificación del suelo, quiénes son los dueños de los solares y terrenos que están a la vista y que marcarán el ritmo de la construcción en los próximos años o cómo se adapta el plan de modificación de calles a las alturas de los nuevos edificios. Hemos luchado por la democracia y la autonomía frente a los dicterios centralistas. Lo malo es que el poder autonómico o no se emplea o se hace a favor de intereses minoritarios. Hace falta una ley municipal. Un marco que ponga fin a la infinita capacidad de fomento de los alcaldes. La garantía de ingresos ordinarios para hacer frente a los gastos habituales de las competencias municipales. Hace falta ordenar cuanto antes el territorio desde las comunidades, mejor en consenso con los municipios para evitar el uso de ocupación que se les está dando o la falta de exigencia previa de servicios y equipamientos que garanticen el ejercicio de la ciudadanía integral a sus habitantes cuando llegan al piso y se encuentran que sólo han comprado metros de vivienda para una futura plusvalía de venta. Crecimiento sostenible. Debe ser un derecho social. De lo contrario, es como el derecho a la vivienda: mercancía sujeta al mercado que controlan unos pocos.