Que vuelvan los romanos

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

08 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NO HAN hecho los del Bloque más que pedir que los gallegos retrasemos los relojes una hora y les ha dado un cólico a todos los del coro de rojigualdos que nos amenizan el desayuno. Porque ya se sabe que con lo del reloj, los de Quintana pretenden despedazar España y rendirse a los violentos. Y, sin embargo, uno entiende que el Bloque ha sido rácano en su pretensión. Tenía que intentar, y apoyarlo todos, que en este reino se retrasen los relojes más de 2.000 años. Para que vuelvan los romanos. Con sus gladiadores, sus legiones, sus corazas de malla y sus equipos de ingenieros y constructores. Y que vuelvan Caio Plinio Segundo, Julio Casio y Paulo Fabio Máximo. Y que regrese Lucio Pompeyo Reburro. Porque ahora nos damos cuenta de que los romanos sí que sabían construir. Nos llenaron Galicia de caminos, termas, templos, calzadas, puentes, murallas, baños, necrópolis, mosaicos y castros y resulta que, más de 2.000 años después, mejor o peor, ahí siguen intactos. Como la torre de Hércules o la muralla lucense. Y nosotros hacemos anteayer una vía rápida en O Salnés, que además presentamos como la obra emblemática de la modernidad gallega, y a los tres días va y se nos cae a pedazos. Si alguno de aquellos jefes romanos levantase la cabeza no se creería lo que acaba de ocurrirnos a los gallegos en pleno siglo XXI. Que se nos cae el país a cachos porque dos mil años después, por no saber, no sabemos ni hacer una carretera. Con toda la tecnología del mundo, con los mejores profesionales, los mejores materiales, las mejores empresas, la mejor clase política y el mejor presupuesto. Y a uno, que no es romano, pero que también es incapaz de entender lo que nos está pasando, se le ocurre pedir que vuelvan los romanos. Y que nos digan cómo hay que hacer una calzada para que no se caiga a los cuatro días. Aunque, bien mirado, ellos sabían mucho de construir vías y calzadas, pero no tenían ni idea de primas, favores, regalos, porcentajes y despilfarros. Y, a lo mejor, ahí está la clave.