Acampada en Beirut

OPINIÓN

CON UNA población diversa y dividida en varios grupos, a saber: cristianos maronitas, musulmanes suníes y chiíes, importantes minorías cristiano-ortodoxas, drusas, etcétera, y una importante población palestina refugiada, el país del cedro es de todo menos un conglomerado homogéneo. Lo único que tiene en común su población es su origen árabe. Por si esta mezcla complicara poco el panorama político, las sucesivas guerras que tuvieron como escenario el suelo libanés, de 1975 a 1990, la intervención siria, siempre reivindicativa del Líbano como parte de su estado, y la injerencia israelí en su afán de controlar a los grupos terroristas palestinos, acabaron por afianzar más los lazos tribales y religiosos, aguando con desconfianza y años de sangre cualquier posible alianza política entre facciones. El asesinato el año pasado del antisirio Hariri, el ataque israelí de este verano y la muerte violenta del cristiano Pierre Gemayel, no han hecho sino echar más leña al fuego. Si hace unos días los detractores de los sirios salían a la calle clamando venganza por el asesinato de Gemayel, y el primer ministro Fuad Siniora les pedía calma, ahora son los chiíes pro sirios y algunos cristianos los que reclaman la dimisión en pleno de un Gobierno mermado con la renuncia de los cinco ministros de Hezbolá. Acampados en el centro de Beirut, no exentos de cierto espíritu festivo los pro sirios exigen la dimisión del Gobierno antisirio. Cristianos y chiíes tienen un objetivo común, aunque sus motivos son diferentes. Los primeros acusan al gabinete de Fuad Siniora de haberse dejado hacer durante los bombardeos israelíes, mientras que los segundos niegan la representatividad de un Gobierno mermado por culpa de ellos. La situación no es grave, sino gravísima. Con un Irak sumido en algo peor que una guerra civil, con una Palestina al borde del abismo, y con los lobos sirios y persas haciéndoseles la boca agua pensando en el botín que conseguirán en cuanto Estados Unidos se rinda al evidente desastre que han provocado, la puntilla de un enfrentamiento bélico en el Líbano tendría un terrible efecto dominó sobre el resto de Oriente Medio.