Matar la gallina de los huevos de oro

OPINIÓN

PASADOS ya dos años con la nueva Administración socialista, y a las puertas de unas elecciones municipales, a todos nos convendría reflexionar. El Gobierno se ufana en haber prolongado, e incluso intensificado, un crecimiento económico que pasó en dos años del 3,3 al 3,8% (tercer trimestre del 2006, según el INE). También de haber impulsado una creación global de empleo desde tasas que eran del 2,5 y que están siendo ahora del 3%. Y todo esto cuando nuestros vecinos -Francia, Portugal, Italia...- están en situaciones de práctico estancamiento. Un éxito. Pero, al tiempo, el mismo Gobierno anuncia futuras cruzadas contra la corrupción urbanística que se sabe generalizada, contra la muy habitual ausencia de planeamiento urbano real, por la reforma de la legislación sobre el suelo, contra los efectos ambientales negativos (inundaciones, incendios periurbanos, problemas de tráfico) de lo que algunos ya han dado en llamar tsunami inmobiliario español, para crear un cinturón litoral de 500 metros... e incluso -me parece lo más hipócrita- para facilitar el acceso a una vivienda a los más jóvenes y a la población de renta media-baja. Mucho me temo que todo esto quede -y ya van dos años- en medidas cosméticas que, a lo sumo, suavicen la carrera galopante del ladrillo. Carrera heredada de la etapa Aznar y en la que seguimos instalados con una Administración que denostaba tal modelo, pero que tanto presume de los resultados económicos que de él se derivan. Porque sólo con tasas de crecimiento del empleo en la construcción que pasaron de un 5,7% hace dos años a hacerlo el último trimestre al 8,0%, sólo con ese motor se puede explicar nuestro balance económico global. Porque es éste motor el que viene arrastrando buena parte de nuestras manufacturas y servicios: cementos, áridos, prefabricados, metálicos, carpintería, transporte, promotores, instalaciones eléctricas, inmobiliarias, fontanería, calefacción, etcétera, y que también tira de las importaciones de bienes de equipo (climatización, maquinaria pesada, equipos eléctricos, etcétera), así como de buena parte de la inversión. En ausencia de todo esto, y con nuestra competitividad turística e industrial en vía muerta, estaríamos en la preocupante situación de nuestros vecinos. Es por eso por lo que sospecho que ni el Gobierno ni la hoy oposición van a matar la gallina de los huevos de oro. Porque cuando hablan de un modelo de crecimiento agotado no es que tengan otro, sino que intuyen que la gallina no puede mantener indefinidamente aquel ritmo ponedor. Por eso para estas elecciones municipales sacaremos todos pecho con la cruzada antiespeculativa, desempolvaremos aquello de la alternativa al modelo agotado del ladrillo y del urbanismo salvaje... pero, a la vez, presentaremos como éxito gubernamental y colectivo la prolongada fase de crecimiento de la que disfrutamos.