NUESTRA QUERIDA tierra sufre, en los últimos tiempos, catástrofes y calamidades de tal magnitud que nos sobrepasan. Su sucesión cronológica es tal, que antes de terminar una sentimos ya el zarpazo de la siguiente. Incendios, riadas y vertidos contaminantes, inundaciones, son algunos de los fenómenos naturales o de las consecuencias debidas a la acción dolosa o negligente del hombre. Considero que el pueblo gallego tiene una enorme fortaleza y capacidad de sacrificio para hacer frente a la adversidad. Lo que sucede es que las fuerzas humanas tienen límite y parece que éste se ha rebasado. Son dramáticas las escenas de estos días, en las que se puede ver y sentir a la gente desconsolada e impotente. Ante esta situación es necesario actuar y no sólo denunciar presuntas responsabilidades. Caben tres acciones: remediar, reparar y prevenir. Lo primero es para lo básico y perentorio. Deben ponerse, de inmediato, los medios para que los afectados puedan rehacer su vida ordinaria. No caben dilaciones. Con lo segundo, se trata de que negocios y fábricas se reparen para que recuperen su actividad económica. Lo tercero, prevenir, debe analizarse de forma profesional al margen de estériles confrontaciones. La Voz dedica un gran esfuerzo informativo a la tragedia. Cumple con su misión de ser La Voz de Galicia. Deben hacerse programas especiales en TV y radio para recaudar aportaciones de particulares. Los bancos deben financiar programas de ayuda. Los municipios menos afectados deben ayudar a los más necesitados y más próximos. Las diputaciones deben dedicar una parte importante de su presupuesto a remediar a los damnificados. Lo mismo el Gobierno de la Xunta. También Madrid debe sentir como suya la tragedia y ofrecer la cobertura del Estado. Debemos sentirnos cerca de los afectados y todos a una debemos implicarnos.