BAJAS al garaje y, de repente, se te enciende una luz. Lo que tú puedes hacer, aparcar el coche y encontrarlo entero por la mañana, hay centenares de gallegos que ya no pueden hacerlo. Sus garajes son piscinas. Los sótanos, pozas. Les han dañado en sus bienes. Es un desastre, no un desastre natural. Cierto es que influyen las fuertes lluvias. Pero ¿no es Galicia el país de la lluvia? ¿No somos el país de los mil ríos y los cien mil regatos pequenos? ¿Los chaparrones son una sorpresa en nuestra tierra? La construcción salvaje tiene mucho que ver. La superficie arrasada de los montes por el fuego, también. Las Administraciones, una tras la otra, que dieron permisos y miraron luego hacia el más allá son los auténticos irresponsables de lo sucedido. Hace tiempo eran Caldas y Padrón, las Venecias de las riadas. Se buscaron soluciones. Ahora es Cee, Xabarís, Vilagarcía, Cambados, Cambre, otra vez Caldas... ¿Qué hacer con quienes concedieron permisos de edificabilidad y habitabilidad donde ambas circunstancias son hoy imposibles? ¿Quiénes rubricaron esos informes técnicos? Aquí no paga el que la hace. Paga el que la sufre, el ciudadano empapado. Estamos asolagados y oímos lo de siempre: ayudas. Ayudas que salen de los mismos bolsillos, el peto de los de a pie. Y ¿prevenir antes que curar? El aviso de temporal se hizo en tiempo y forma y Vilagarcía luchó sin medios contra la riada. En la web de La Voz llevaba horas la advertencia. ¿De qué pasta está hecha nuestra clase política? De la pasta del chapapote del Prestige . De la pasta de la ceniza de los incendios. De la pasta de la lama de las rúas. ¿Nuestro estado natural es la tragedia? En Galicia chove sobre mollado y lo va a seguir haciendo. Es hora de que las autoridades reaccionen. ¿A qué esperamos? ¿A que haya un muerto? cesar.casal@lavoz.es