ESTÁS cabreado por ingenuo. Si te miran desde fuera, verán a un iluso hecho un lío, un trapo viejo. Si te miras en el espejo, ves a un iluso desvirgado, otro vez perdido por creer que los niños vienen de París. Por creer que la gente tiene las manos limpias. Iluso, a veces, resultas absurdo. Pensar que no hay tantos ladrones. No hay milagros. Siempre sucede lo que está previsto que pase. Son miles, millones, los hilos que mueven los poderosos. No hay puestas de sol improvisadas. Los poderosos organizan hasta las puestas de sol. Cuánto tienen que durar y quiénes tienen derecho a disfrutarlas. Es lo que hay. El mundo gira siempre hacia el mismo lado. Los pobres se mueren de pobres, o se dedican a robar, engañar, mentir. El dinero llama al dinero. Como el poder al poder. El poder se acuesta con el poder. Iluso, sólo eres un espectador. Te has equivocado una vez más. Has pensado que podías leer en el periódico otras cosas, noticias buenas. Eres un perdedor, con cara de perdedor. Estás condenado a la inexistencia. Eres un error en una página. Un manchón, un ciudadano errado, un voto manipulado. La ilusión es una cometa que no está a tu alcance. La vida es un guiñol y cada uno tiene su papel. Iluso, tu frase es el silencio. Tú no tienes que decir ninguna frase y no hay manera de convencerte de que cualquier esfuerzo por tener tu minuto no tiene sentido. Estás condenado a estar tachado. A desaparecer sin más. Deja de pensar que no puede ser verdad que haya tanta corrupción. No eres un personaje para los focos. Los únicos focos que verás en tu vida van a ser los que ponga el forense sobre tu cadáver. Ese será el único calor que sientas. Olvídate de los sueños. Eres olvido, iluso. Existen las comisiones inmobiliarias: bolsas de plástico llenas de dinero sucio. Bienvenido a la realidad. cesar.casal@lavoz.es