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CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

FALLECE William Styron, muy conocido como autor de La decisión de Sophie. Pero menos conocido por un libro importantísimo para todos los que se las hayan tenido que ver con el dragón de la depresión. Styron padeció esta enfermedad y escribió un libro capital, Esa oscuridad visible, memoria de la locura, para entender las razones de una mente ahogada en fango. Hay párrafos del libro tan precisos que sólo los pudo escribir quien cruzó el páramo de la ausencia de deseo: «Odio a mí mismo. Sensación de ser nada. La oscuridad me invadía tumultuosamente. Terror y enajenación. Sofocante ansiedad. Lentitud, semiparálisis. Confusión. Fallos de memoria. Desgobierno de mí mismo. Cerrada toda respuesta placentera al mundo viviente. Dolor indescriptible que no comprendía. Ahogamiento, asfixia. Monosilábico. Desvalido estupor. Zombie». Creo que no hace falta añadir más y que este texto demoledor ayudará a quienes padecen este mal y a quienes les rodean, que son los otros dañados por el viento gélido que entra en cualquier casa cuando la depresión tumba a uno de los tuyos. La depresión es una enfermedad y hay que tratarla como tal, ésa es la conclusión que se saca del libro de Styron. Entender que uno está tan enfermo como el que tiene una enfermedad física y ponerse en manos de los profesionales es la única salida para el horror. Quería recordar a William Styron, ahora que se ha ido. Y recordar sus palabras cuando dejó el hoyo, el hachazo de hielo de la mente perturbada: «Yo retorné del abismo, salí de las negras profundidades del infierno y emergí por fin al claro del mundo. Allí, recobré el don de la serenidad y la alegría, y esto quizá sea reparación suficiente por haber soportado la desesperación más allá de la desesperación». Siempre hay luz después del túnel. cesar.casal@lavoz.es