AGUAS revueltas, o batallas entre miembros de un mismo partido y patadas en los tobillos que escenifican las sucias artes del juego político. Véase, la guerra del agua y trasvases entre los candidatos del PSOE de Aragón y Valencia, o entre María de Cospedal -candidata del PP en Castilla-La Mancha- y su compañero el presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel. En Madrid, el aparato del PSOE se opuso a que Miguel Sebastián -asesor económico del presidente- fuera el candidato a alcalde. Fernández de la Vega, visto el enfrentamiento, intentó que el one cambiara de opinión, pero ZP apostó por él, pues, aunque no es carismático, ha sido su soporte en importantes operaciones como la OPA de Endesa, o la mano en la creciente influencia de Sacyr-Vallermoso en todas las esferas. En el PP, la brecha la ha marcado su sector más duro, posicionándose significativamente -con la ayuda de un conocido diario- contra su presidente. Que Rajoy aceptara la inclusión de «realidad nacional» en el Estatuto de Andalucía, fue la espita, y las críticas de Zaplana abrieron el tajo. La mirada perdida de Acebes -que de Ángel tiene poco- tras la Ejecutiva, denotaba el cisma en Génova. Por un lado, el sector más inmovilista: el secretario general -Acebes-, Zaplana, Esperanza Aguirre y la FAES (Aznar). Por el otro, Rajoy y su estrategia del win-to-win con los barones regionales: Javier Arenas en Andalucía, Alberto Núñez y el estatuto gallego del 8%, Piqué en Cataluña y Camps en Valencia (el balear Matas aún no ha tomado partido). Dos datos importantes corroboran la hemorragia: Piqué se negó a que Zaplana apareciese por Cataluña en la campaña y Camps mantiene una pugna fratricida con éste. El clan de Ávila (Acebes, Sebastián González y Feliciano Blázquez) y la FAES en alianza con el grupo Murdoch (desembarcará en España próximamente), liderados desde la sombra por Aznar, han resucitado la «Operación Moncloa». Si Rajoy pierde las próximas Generales, convocarían un Congreso extraordinario para situar a Esperanza Aguirre -cuya ambición es ser la primera mujer presidenta- como candidata. Sin embargo, Rajoy ha dado el golpe en la mesa y ha hecho lo correcto para el futuro del PP: el viraje hacia el centro reformista olvidándose de historias y fantasmas sobre el 11-M. Para contrarrestar a la futura presidenta, ha mostrado, abiertamente, su apoyo hacia Gallardón -íntimo enemigo de ésta-, y como secretaria general y relevo del ángel caído, piensa en P.?J., una mujer de su total confianza, que podría convertirse en vicepresidenta. El resto lo veremos en pocos meses.