HAY ACTUACIONES de este Gobierno que no me agradan: la política sanitaria inmovilista, la ciudad megalómana de Gaiás que nos sigue chantajeando (la pasta y el alma), la fragmentación de la educación y de la cultura... y podía seguir. Sin embargo hay cosas de este Gobierno que me enternecen y que aplaudo sin rubor: porque alguna vez es preciso aplaudir a los gobiernos, que elegimos, para sentirnos mejor. Permítanme hoy, pues, la ternura. Touriño y Quintana tienen la sensibilidad que le falta a otros gobernantes. Me parecen dos hombres de bien, y sinceros. Cuando el presidente anuncia ayudas a las mariscadoras, a los desfavorecidos... lo hace con la cabeza, evidentemente, pero también con el corazón. Cuando el vicepresidente proclama un sueldo para las maltratadas o el mimo por los mayores... lo hace también desde el entusiasmo de sus principios. Touriño y Quintana me parecen dos buenos gobernantes. Quizá no consigan hacer todo lo que quieren pero hacen, afirmo, lo que pueden. El país está tranquilo. Ha pasado de la resignación a la reacción. De la entrega a la sana rebeldía. De los intelectuales amordazados a los hombres libres proclamando lo que piensan, aquí o allá, sin que tengan que pagar factura por ejercer el librepensamiento. Claro que nuestro Gobierno tiene defectos, ¿quién no?, pero uno siente que tenemos buena gente detrás. Dos hombres tranquilos gobiernan un país tranquilo que no tiene que parecerse a nadie, sino a sí mismo, para arrancar definitivamente. No somos Cataluña, ni Euskadi, ni precisamos un mesías que nos redima. Somos nosotros. Mayores de edad. Con gobernantes limpios y algunos empresarios, no todos, que llevan la tierra en las entrañas. Empresarios que no renuncian a ser de aquí. Ser de aquí para poder ser de todas partes. Me gusta Galicia. Cada día más.