Ciudadanos, PSOE y PP

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

04 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

A RAJOY los resultados de las catalanas le han hecho perder su habitual compostura. Abandonándose al calentón, vaticinó para Ciudadanos de Cataluña un futuro similar a los partidos de Mario Conde o de Jesús Gil. Se pasó siete pueblos; ambos terminaron en la cárcel, si bien con las alforjas bien llenas. No parece ser éste el caso de Albert Rivera, que llegó como vino al mundo y pretende mostrar al desnudo las miserias de la política catalana. Hay que pasar página lo antes posible de este desliz, por lo demás innecesario, producto del descuido del análisis estadístico del comportamiento electoral. De hacerlo, comprobaría que el electorado de Ciudadanos procede en torno a sus dos terceras partes del espacio político socialista y tan sólo en una tercera parte del espacio propio del PP. Incluso la simple intuición y la observación desapasionada apuntan a la misma conclusión. Ciudadanos ganó tres diputados; el PP perdió uno, luego quedan otros dos que han tenido que venir de alguna parte. Lo normal es que procedieran del partido que más bajó, del PSC-PSOE. O en su caso de ERC, lo que sería preferible; o quizás no. En definitiva, que los partidarios de la Constitución y del españolismo pasaron de 15 a 17 diputados. Es la lectura correcta y más esperanzadora de estas elecciones. Y lo es porque refuerza el espacio constitucional y de autonomismo leal; de coexistencia idiomática, de tolerancia y de voluntad de devolver el poder político al pueblo. Ciudadanos adolece de muchas carencias, pero han demostrado voluntad de irrumpir representando algo nuevo y lo han logrado en unas condiciones muy difíciles. Y al igual que ocurre con el PP, sus militantes son perseguidos y agredidos en Cataluña por el mero hecho de disentir. El PSOE ha registrado un profundo retroceso, resultado de la pérdida de talante, de la insensibilidad hacia los que sufren, a los que padecen asimetría política; se abandonó a la mediocridad y la politiquería, aventurándose a una reconfiguración estatutaria que ni los catalanes han querido. El gran error del PP estribó en sumarse al catalanismo de élite, a la política al margen del pueblo. Erró en los cálculos y no aprovechó una situación de franca decadencia de la clase política catalana para presentarse como una verdadera alternativa. En cualquier caso, no hay mal que por bien no venga, Ciudadanos representa para el PP la posibilidad de sumar votos del centroizquierda, que a él mismo le es difícil captar. Y en muchos sitios acceder a una mayoría, para figurar como polo principal de una coalición capaz de cambiar el panorama socioelectoral de una España hegemonizada por la izquierda. Quizás lo vean; o quizás no.