Tres realidades

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

PRIMERA realidad. Usted necesita una cantidad de dinero, digamos que tampoco mucho, para hacerle frente a un proyecto con el que cumplir un sueño. Y se lo solicita a la entidad de crédito de toda su vida, a la que le entregó sus ahorros, le dio su nómina y abrió las libretas de todos sus niños. La entidad puede tomar dos decisiones: mandarlo a freír espárragos, de los de Navarra, de los buenos, pero decirle que vaya a freírlos, o puede tener en cuenta su petición. De ser así, investigará su pasado, el de su familia, mirará debajo de su mesilla de noche y si ve que todo se ajusta a lo que ella necesita, adelantará esa cantidad que ha solicitado. ¡Ah!, pero no se le ocurra retrasarse en el pago de un plazo, porque va dado. Adiós préstamo, adiós proyecto y adiós sueño. Segunda realidad. Usted cumple cada año con Hacienda como todo buen ciudadano. Para que otros se vayan de vacaciones, pero cumple. Pero un año se le ha olvidado de incluir la chapuza de cambiar el grifo de la ducha que le hizo el amigo de su primo y que no le dio factura. Y tampoco declaró que le compró una bicicleta a la niña y que se ahorró el IVA. Y ahí la ha destrozado. Le vendrá el inspector, le enviarán un requerimiento, lo perseguirán, lo amenazarán y, si no paga lo que no pagó más el recargo, se quedará sin grifo, sin bicicleta, sin el amigo de su primo y hasta sin hija. Tercera realidad. Usted se hace presidente de un club de fútbol, que, a juzgar por los actuales, tampoco debe de ser tan difícil. Se hace presidente y le pide seis mil millones de aquellas pesetas a la misma entidad de ahorro que le mandó a freír los espárragos de Navarra. Y no sólo se los dan, sino que se hacen una foto entregándoselos. El presidente, el director general y usted, que también es presidente. Y cuando ya tenga el préstamo, no paga a Hacienda, ni la seguridad social de sus empleados, ni a la mitad de sus proveedores, y pasa por la trituradora de papel todos los requerimientos que le envían. Pero si usted es presidente de un club de fútbol y derrocha dinero a espuertas, aunque no pague ni un céntimo a Hacienda, a la Seguridad Social, a los proveedores y en definitiva, a este Estado nuestro de derecho en el que todos somos iguales, lo admirarán muchísimo, le harán genuflexiones y puede que hasta lo distingan con alguna medalla al mérito deportivo.