Esta Galicia no va

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

CAMINABA veloz por la calle cuando un viejo conocido me paró y, a contratiempo, me lanzó la siguiente pregunta: «¿Qué proyectos nuevos está acometiendo la Xunta?». Él estaba fuera de Galicia, pero yo, que estoy dentro, no supe qué contestarle. Y empecé a repasar. En medio ambiente, muy bien; en urbanismo se ponen medios. Y me paré, porque ya no supe enumerar más cosas. Por eso empecé a desgranar las consellerías: desarrollo rural, muy mal (a los incendios sumé lo de la cuota láctea, la debilidad de las políticas sectoriales y la carencia de políticas de desarrollo); la política económica ni se atisba; las obras públicas, retrasadas y continuistas; la vivienda, un pretencioso fiasco (lo de siempre, más lo que ya otros hacen y se nos quiere presentar como pionero); la política industrial y comercial ni se conoce; y el turismo acumula a la inercia la falta de ideas. En cultura, no fueron capaces de resolver el legado oneroso del monte Gaiás; la pesca parece que enfada a los trabajadores; de la sanidad, mejor no hablar, y de lo demás no me acordé de nada explícito, tal vez por mi ignorancia o porque nada hay de reseñable. En la cúspide, los dos copresidentes convierten cada día el Gobierno en un gabinete de prensa, haciendo del cuarto poder el primero, sumiendo al Ejecutivo en un permanente día a día. Mientras, las cosas importantes no marchan como debieran, o como se pensaba; el cambio hacia una democracia más participativa y transparente se oculta progresivamente; la reducción de altos cargos de libre designación se convirtió en sueño de un día, y la promesa de hacer del Parlamento el centro de la vida democrática, a pesar de las buenas intenciones, se rompió cuando se negó una comisión de investigación y las responsabilidades políticas se eludieron. Cierto que hay discursos interesantes en la aplicación de la sostenibilidad y del conocimiento a nuestro dañado modelo de desarrollo, pero también lo es que, al carecer de un proyecto consistente de país, se convierten en una suma de decisiones ocasionales e inconexas, y a veces contradictorias. Parece que se está generando un clima de incertidumbre, de desesperanza, de inquietud, más allá de lo que los tiempos políticos y la globalización nos marcan, que ya no es poco. La defensa más eficaz de nuestras inversiones ferroviarias y una atinada política de investigación empresarial son excelentes objetivos, pero no suficientes. Es hora de menos declaraciones vacías, de menos palabras bien intencionadas y de más acciones concretas y sólidas porque, de lo contrario, hasta lo conseguido se puede perder porque otros nos adelanten.