ETA sigue siendo una amenaza. Para quienes hemos sido víctimas de intentos asesinos. Para esa sociedad que tuvo miedo hasta transformarse en supervivientes. Para la práctica de la democracia con la garantía de los derechos fundamentales. Para cualquier alternativa política que no comulgara con sus dicterios. Por eso, el robo de las pistolas volvió a poner en estado de alarma a todos los que saben lo fácil que resulta atentar. Que nadie se engañe. El tiempo que llevamos sin muertes tiene mucho que ver con ese proceso en busca de la paz. Sin conversaciones, en alguna parte, seguiríamos considerando al terrorismo etarra como la primera de las preocupaciones de la ciudadanía. El diálogo trata de romper el círculo de la violencia. Para ello han sido precisas gentes decididas a emprenderlo. Si ETA hubiera sido superada por Batasuna, estaríamos más seguros del estado del proceso. Pero no sabemos qué puede pasar en el conjunto del MLNV. No sabemos si los posibilistas como Otegi y el líder de LAB siguen controlando la corriente que manifestó en Anoeta el fracaso de la lucha armada. Lo sucedido en el Parlamento Europeo tiene toda suerte de interpretaciones. Los que se sienten triunfantes por haber logrado la internacionalización del conflicto. Pero se les olvida que ese Parlamento no los apoya. Sólo quiere que el proceso se haga paz definitiva. Los que se han acostumbrado a que la política se haga sin la tutela de una organización que mata la disidencia no están dispuestos a sufrir la autoridad de los comandos. La comunidad europea no tolera colaboraciones, por activa o por pasiva, con terroristas disfrazados de libertadores de naciones sin Estado. Mientras no entreguen las armas son un peligro. Incluso para Otegi. Incluso para aquellos miembros de ETA que han decidido hacer política y cesar la actividad terrorista. Incluso para los colectivos de presos y familias que esperan salir a la calle en la medida que el proceso avance sin la manija de los duros de ETA. Cualquier tiempo pasado fue peor. El miedo casi no está presente en las calles de Euskadi. Si no fuera por ciertos discursos políticos, cualquier observador sereno diría que se camina hacia la normalidad. Las cosas se simplifican. El terrorismo es ETA. El miedo lo desencadena la presencia de ETA. Su ausencia permite avanzar hacia la paz, con o sin precios. Hagamos que callen para siempre.