Testigo y maestro


SIEMPRE me he preguntado si los curas y los obispos no estarían pecando gravemente cuando compran coches más propios de un empresario que de un servidor del evangelio. Este domingo me lo volví a preguntar al escuchar las palabras de Jesús: «Vende lo que tienes y sígueme». Resulta curioso que los obispos no reprendan por estas cuestiones a sus curas y permitan la existencia de sacerdotes que más parecen una máquina de ganar dinero que otra cosa. Sobran los ejemplos, aunque debo decir que no son mayoría. Ahí están, para contrarrestar, los miles de misioneros repartidos por los rincones más pobres y duros del planeta, tratando de construir una civilización más justa y fraterna, en la que todos los hombres tengan una vida digna. Este domingo será el Domund, el día dedicado en la Iglesia a recordar a esos hombres y mujeres que, dejándolo todo de verdad, se han entregado en cuerpo y alma al servicio de sus hermanos. Este año, en el que conmemoramos el quinto centenario del nacimiento de san Francisco Javier, uno de los primeros jesuitas, se nos invita a revisar la tarea misionera de este hombre en el continente asiático, que abrió un nuevo horizonte a la Iglesia para intensificar su autocomprensión: pobre, entregada y dialogante. Ayer y hoy, son palabras difíciles de asimilar.Cambiando de tercio, no quiero dejar de criticar la propuesta alemana de penalizar económicamente a aquellos enfermos de cáncer que no se hubieran practicado las revisiones preventivas oportunas. Por esta regla de tres, tendríamos que sancionar a todo el mundo, porque todos, en mayor o menor medida, dejamos de practicar muchos hábitos saludables que podrían prevenir la aparición de enfermedades. Que hay que contener el excepcional incremento de los gastos sanitarios es una verdad incuestionable. Las grandes dudas aparecen cuando nos preguntamos cómo ponerle el cascabel al gato. La cuestión no es de fácil respuesta en medio de una cultura que ha primado los derechos por encima de las obligaciones y generado legiones de permanentes insatisfechos. Pero la vía alemana no sólo es éticamente inaceptable sino que, de ser aprobada, contribuirá a aumentar los costes por la proliferación de pruebas diagnósticas, una lacra ya en los sistemas sanitarios occidentales por la práctica de una medicina defensiva.

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Testigo y maestro