PACO SÁNCHEZ
20 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LA CAMPAÑA electoral catalana es un griterío: como la gente está ya harta, los candidatos se ven en la necesidad de recurrir a la estridencia en forma de pintada, de deuvedé, de condón, de visita al notario o incluso de bofetada. En el Congreso y en el Senado se han dicho auténticas barbaridades que han sido contestadas con insultos y descalificaciones varias. Un grito tapa otro, parecen pensar: y la vida política se convierte en una discusión de taberna que sube y sube de tono hasta que, como en los banquetes multitudinarios, alguien hace un ruido mayor que consigue acallar de pronto todos los ruidos de peritos acusados por un juez y defendidos por una jueza -maravilloso espectáculo-, de fiscales generales que dicen saber quién desea más muertes de ETA, de secretarios de Estado que pretenden vigilar a los periodistas en vez de informarles, de candidatos a Madrid que aparecen y desaparecen, de alcaldes que estafan de cuarenta en cuarenta millones. Un grito tapa otro. Eso se arregla con unas declaraciones. Puesto que nadie quiere argumentar, se cae de bruces en la violencia, primero verbal, como en Cataluña, luego física, como en Cataluña. Lo importante es que la vivienda ha bajado dos décimas del diez por ciento -salvo en Galicia, claro- y que Aznar depositó un boli en el escote de una periodista. Nivel. Hace mucho ruido. Eso no ayuda a pensar, y quién quiere pensar... El fin de semana trae la solución: el Bernabéu gritará más, y los motores de la Fórmula 1 rugirán como nunca. Un grito tapa otro. Se hablará aún menos de las elecciones catalanas y de lo ocurrido estos siete días. Pero no es el silencio que añoro, ni se le parece. Hay que ponerse a dieta de palabras: tanto dichas como escuchadas, o terminaremos mal, terminaremos locos o a gorrazos. Silencio, por favor. pacosanchez@lavoz.es