Marchan nuestros soldados

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

AHORA que la BRILAT sale para Afganistán, me propongo exponer la situación con que se van a encontrar. Allí ha habido un cambio político. Los talibanes dejaron el poder y dieron paso a un régimen pseudo-democrático, reconocido por la comunidad internacional, aunque con muchas dificultades para gobernar en todo el territorio, donde funcionan los señores de la guerra, con su poder basado en el cultivo del opio y el control tribal y religioso de los talibanes, que ven a los extranjeros como invasores. Sin embargo, la población, con una esperanza de vida de 45 años, los acoge con afecto. En este tiempo los españoles llevan entregado ocho toneladas de madera, tres de alimentos, doce de semillas, dieciséis generadores eléctricos y cientos de herramientas y material escolar. La OTAN es responsable de la seguridad y apoya al Gobierno para que pueda ejercer el control del territorio. Así, se han organizado 23 PRT (equipos de reconstrucción provincial) asignados a las distintas fuerzas militares, con la misión de estabilizar la situación en una provincia para reconstruir la convivencia social. La seguridad es imprescindible para que las autoridades pongan en marcha los servicios del Estado. Reconstruir las estructuras destruidas durante 25 años de guerra para que vuelvan a funcionar, escuelas, hospitales, carreteras etcétera, es misión de los militares, dentro de sus posibilidades. A eso van nuestros soldados, a pacificar Afganistán en misión internacional. Existen riesgos, porque guerrilleros y terroristas se resisten a abandonar el poder tradicional. Hay lucha, aunque no es tan virulenta como la de Irak. Afganistán es un país dependiente de Pakistán, cuyo ejército podría apoyar a la OTAN a cumplir su misión. Pero ellos también tienen problemas, porque el norte de Pakistán y el sur de Afganistán son de la misma etnia pastum, y sus guerrilleros se ocultan a uno y otro lado de la frontera.