SÍ, mucho cuidado. La vía que abrió para que Batasuna sea legalizada es fruto de una buena intención, como todas las que muestra el señor Zapatero, pero es una cueva llena de serpientes. En síntesis, la propuesta es la siguiente: Batasuna debe cambiar de nombre, redactar nuevos estatutos y presentarse ex novo en el Registro de Partidos. No se le puede exigir que condene de forma explícita la violencia, porque a ningún otro partido se le exige. La diferencia sería que en los demás partidos se da por supuesto ese rechazo a la lucha armada y Batasuna lo tiene que demostrar; pero, a efectos jurídicos, eso no cuenta. Además, las responsabilidades penales que pesen sobre la historia de Batasuna y sus líderes no serán un obstáculo para devolverla a la legalidad. Se podrá estar de acuerdo o no con Zapatero. Para coincidir con él sólo es preciso creer a la vicepresidenta De la Vega cuando dice: «Sólo se propone que se cumpla la ley». Pero quizá sea un esfuerzo inútil, cuando la propia Batasuna insiste en que quiere estar en la mesa de partidos sin cambiar de nombre ni de estatus. Quiere, sin decirlo, que se rinda el Estado. Pero ojo: tampoco le falta razón a Ángel Acebes (PP) cuando argumenta que ese camuflaje bajo otro nombre y esa vista gorda a las responsabilidades anteriores son un fraude de ley. Realmente, lo son. Lo que ignoro es si vale la pena hacerlo en función del beneficio posterior, que sería la desaparición del terrorismo. Al margen de esas discusiones, veo un problema mayor en la generosa oferta de Zapatero: que se encuentre con una fabulosa trampa. Supongamos que Batasuna acepta, cambia de nombre, redacta otros estatutos y obtiene su legalización. La veríamos en la mesa de partidos y la tendríamos en las elecciones municipales con sus alcaldes, concejales y subvenciones. Una vez conseguido todo eso, ¿qué necesidad tiene de que desaparezca ETA? Ninguna. ETA podría seguir su actividad, y hasta mantener el alto el fuego como amenaza constante de futuro, mientras no alcance sus condiciones de autodeterminación y Navarra. En ese caso, las carcajadas de los muchachos de la kale borroka, los encapuchados que disparan en la campa y los que vitorean a De Juana Chaos se oirían desde Baracaldo hasta Algeciras. El alto el fuego no habría servido para la rendición, sino para una victoria tan sonada como obtener gratis la legalización de su fuerza política y volver a las instituciones, que es donde estaba su poder. ¿Es muy pesimista? Ni pesimista ni optimista. Es un riesgo que existe, igual que los demás. Lo único que pretendo es llamar la atención de los gobernantes y advertirlo. Con esa tropa se puede negociar; pero darles un cheque por adelantado, ni hablar.