LOS INFORMES PISA, a pesar de ser patrocinados por la OCDE, ponen de mal humor a casi todos. ¿Por qué no evaluar la rentabilidad del sistema educativo con otra fórmula más innovadora? Podría centrarse en las cohortes de edad comprendidas entre quienes actualmente tienen de 40 a 60 años. Según presumen muchos, la suya fue una educación sensiblemente mejor, de más nivel y gran esfuerzo. Se seleccionaría un grupo entre la aristocracia del saber práctico, la del poder político con diversos niveles de cercanía al ciudadano. Sólo el de quienes detentaran responsabilidades directas o indirectas -asesores incluidos- en áreas tan específicas como urbanismo, medio ambiente, infraestructuras diversas y vivienda. Siendo tantos, sumarían un colectivo suficientemente válido para establecer correlaciones estadísticas significativas. Sabido es que nada es más educador para las generaciones jóvenes que el ejemplo de sapiencia y prudencia de sus mayores. Bien puede, pues, medirse el valor de la educación comparando los saberes teóricos -qué les quede de lo aprendido- y las decisiones prácticas de quienes organizan nuestra calidad de vida. Para evitar despistes con metodologías o mínimos discutibles, se propondría un repaso de libros clave de aquellos años. No debiera faltar el Libro de España, con aquella ardilla que atravesaba la Península sin apearse de los árboles. La Aritmética de Dalmau, la Enciclopedia de 2.º grado y un vistazo rápido a la Ortografía de Miranda Podadera podrán bastar. Los ejercicios serían de resolución de problemas: aplicaciones de la regla de tres, interés, compañía, medidas de áridos y líquidos, agrimensura, multiplicar y dividir, restar y sumar¿ según querían didactas de la época, como Ezequiel Solana: «Con datos reales, conformes a la verdad, sobre las necesidades y transacciones ordinarias de la vida¿ precio de la tierra, valor de sus productos, renta que produce¿». Todo muy práctico -sin opción disculpatoria para la objeción de conciencia ante alguna cuestión concreta- y, además, un breve dictado, a comentar razonadamente, por lo de la capacidad comprensiva de la Geografía y las Ciencias Naturales. Para esto último sería útil que leyeran, además, el Nuevo testamento: la parábola del buen administrador, que supo labrarse su futuro. Asimismo, esa especie de directorio práctico de vida que es el Panchatantra, particularmente el Cuento XV del Libro I, en que un par de gorriones fabrican su nido en un árbol tamala y, cuando ya tenían descendencia, es destruido por un elefante furioso, con la consiguiente pena de los pajarillos por la pérdida de su prole. Se garantizaría a los encuestados la confidencialidad de sus saberes. Sobre todo, si mostraran un desprejuiciado y flexible alejamiento del saber científico, incapaz de distinguir entre lo lesivo y lo impensable .