La pasta y el corazón

| XOSÉ CARLOS CANEIRO |

OPINIÓN

09 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SE VAN algunas empresas nuestras como se fue el verano: deja el recuerdo y una canción ensimismada, una nostalgia y un adiós. Alguna vez desaparecerán los Estados y los territorios serán denominados en función de su empresa capital, que se habrá comido a las empresas menores, medianas y grandes (aunque menos grandes que la empresa capital). Galicia será una sección de la ACS de turno y el vástago de Florentino, que fue presi de mi equipo desamado, presidirá Galicia como si fuese un futbolín. Con sus fichajes galácticos, con sus buenos y malos resultados, con su balance a fin de año entre vítores y alharacas. Sin empresas nuestras y quedamos calvos (de interior) y compungidos, o sea, medio sin alma. Fadesa percibirá más de lo que percibe Galicia en los presupuestos de Solbes y se preguntará qué hacer con tanta pasta. A mí me gustaría que se quedase aquí, o sea, que se metiese la pasta en construcciones y contratas. Que se diese empleo a los que están en Lanzarote y que el AVE, gracias a la ayuda de las empresas bienvendidas, se construyese antes de plazo. Las empresas se van pero Galicia permanece, a su manera, pisando la delicada luz del alba (que no acaba de abrir). Galicia paso adelante y paso atrás, Galicia de abismo que me tiro o abismo que no me tiro, Galicia de doble velocidad: lenta o más lenta. Por tal motivo, cuando algunos se van, yo me felicito de que haya muchos que se quedan. Que se resisten a ser colonizados. Que perseveran en su afán y en su vocación galleguista, que es también un programa político: una ideología que debían aprehender los partidos. Los que se quedan son mi país y mis entrañas. Los que se van, quién sabe. En ellos reina más la pasta y menos el corazón. Yo me quedo con los que se quedan. Y los quiero, arrebatadamente.