El Gobierno busca un hombro

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

SI NO puedes con tu enemigo, acuéstate con él. O bien: cuando no puedas arreglar una situación, disimúlalo con un pacto. Estos dos principios inspiran muchas acciones políticas, y ahora parecen inspirar la última iniciativa del Gobierno: reunir a los grupos parlamentarios para alcanzar un acuerdo sobre inmigración. Se ha dado cuenta de que cayucos, pateras y llegadas retransmitidas de subsaharianos le están restando imagen de eficacia, y trata de refugiarse bajo las alas de los demás. Ha tropezado con un discurso muy eficaz de denuncia de la oposición, y trata de que le ayuden a repartir el desgaste. Sufre la dificultad de administrar el reparto de extranjeros por las comunidades autónomas, y necesita una mayor complicidad. Sobre esas bases se asienta la busca u oferta de consenso. Es obvio que, si la imagen del Gobierno hubiera sido mejor en esta materia; si transmitiera una mayor sensación de eficacia, y si el resultado de su política de extranjería le estuviera dando votos en vez de disgustos, el acuerdo sería lo último que buscase. No lo intentó, por ejemplo, cuando se lanzó a la regularización. Como en aquel momento las aguas corrían a su favor y mostraba su cara más humanitaria, ¿para qué necesitaba el hombro de nadie? Ay, amigo: las cosas han cambiado. Aquel proceso de dar papeles a quien estuviera en condiciones de merecerlos se ha vuelto en contra de sus autores. Aunque era necesario y muchos lo seguimos defendiendo, ha perdido la batalla de la propaganda y hoy resulta un peligroso efecto llamada. Es el argumento que usa la Unión Europea para regatearnos su ayuda. Es el arma que utiliza Mariano Rajoy para calificar de «irresponsable» la política de extranjería del señor Zapatero. Y merece fuertes descalificaciones de Ana Pastor (PP): descontrol de fronteras, falta de información a socios europeos, falta de consulta a ayuntamientos receptores, ausencia de medidas sociales de integración, etcétera. Y encima, estamos en la segunda mitad de la legislatura, y nadie está dispuesto a regalar nada. Con esos datos de gestión, esas críticas y ese ambiente, ¿es posible algún pacto? Lo dudo. La vicepresidenta de la Vega ya hizo una oferta a Rajoy, y recibió una sonora negativa. Ahora se cambia de táctica y se intentará grupo por grupo. Y yo pregunto: ¿aporta mucho el apoyo de Esquerra Republicana, por citar a uno? No. No hace ninguna falta para resolver la inmigración. ¿Por qué entonces se negociará con ellos, como si tuvieran la importancia del PP? Pues supongo que, si falla Rajoy, siempre se puede llegar a un acuerdo con las minorías, y volver a dejar al Partido Popular en soledad. ¿Demasiado perverso? Sin duda. Pero demasiado tentador.