El territorio y las condiciones del presidente

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

04 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

DURANTE el debate sobre el estado de la autonomía se habló en numerosas ocasiones sobre el tema de esta sección: el territorio. Y no podía ser de otro modo ante el grado de desorden territorial acumulado, que en algunos sectores pone en cuestión su sostenibilidad en el sentido de la capacidad de transmitirlo a las generaciones venideras como un recurso de calidad y elevado valor. Lo que en realidad hemos recibido y que tan bien habíamos conservado hasta hace cuarenta años. Se habló, una vez más, de temas tan recurrentes como las directrices de ordenación territorial, la estrategia de usos del litoral -ambos ya iniciados en la última etapa del gobierno anterior- o del pacto por el territorio, que también fue objeto de diversos artículos en este mismo periódico. Son temas que siguen pendientes y que alguna vez habrá que culminar, para disponer de instrumentos legales sobre los que poder aplicar ese pacto territorial que se proclama. Naturalmente, hubo alusiones al saneamiento de las rías -hace treinta años que venimos hablando de esto- y a los planes de urbanismo, convidando el presidente a convertir en norma lo que ahora es excepción, refiriéndose al cumplimiento de la legalidad urbanística. Todo muy bien en los discursos, pero hay una cosa que, ya al final, me preocupó. Si yo no entendí mal, Touriño puso como condición para que el partido mayoritario, en este caso en la oposición, demostrase su voluntad de entrar en éste y en otros importantes pactos propuestos que entrase en la comisión de estudio de los incendios forestales. Verdaderamente me quedé perplejo. Clara es la razón de ello. En efecto, es evidente que la no aceptación por parte del presidente de constituir una comisión de investigación sobre los incendios forestales en el Parlamento fue un grave error estratégico y de partido y, lo que es más importante, una decisión contraria a la praxis democrática. Lógicamente, es casi imposible pensar que cualquier partido en la oposición, que además está puesto bajo sospecha en su actuación por desafortunadas y desacertadas declaraciones políticas, pueda aceptar este subterfugio seudodemocrático. Y si esa es la condición para el pacto territorial, mucho me temo que tal pacto no podrá llevarse a cabo. Claro que a lo mejor yo lo entendí mal, o el presidente se confundió; pero si piensa lo que dijo, y si dijo lo que piensa, el pacto territorial nace con un condicionamiento de difícil cumplimiento. Algo que no sería nada bueno para el territorio, que es lo que importa, preso esta vez de una injustificable terquedad política.