Desde el atasco

La Voz

OPINIÓN

| LUÍS VENTOSO |

02 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ALGÚN día se hará justicia a nuestra creatividad y el modelo gallego de asentamiento territorial será admirado mundialmente. Y es que hemos marcado un hito: teniendo menos población ahora que hace diez años (en 1986 éramos 2,8 millones de gallegos y ahora 2,7) hemos conseguido elevar al cubo los atascos de tráfico. ¿De quién es el mérito? En primer lugar, de algunos alcaldes laboriosos de los municipios periféricos de Vigo, A Coruña y Santiago, que pasaron de 3.000 vecinos a 30.000 sin pensar en que quizá sería útil hacer antes carreteras para salir y entrar. Lo importante era construir. Cuantos más pisos tiene un concello, más pesa (y además, los pasotes inmobiliarios alegran a veces el petiño de algún edil, súbito plutócrata sin oficio conocido). Las aguas residuales van a la brava a rías y ríos. La dotación policial es la misma de cuando esas ciudades emergentes eran parroquias. El transporte público es fulero. Da igual. Tampoco tiene la menor importancia que medio millón de gallegos panden a diario con atascos propios de una megalópolis. Todos bramamos tras el volante, pero nadie articula la queja política que hace falta. Los alcaldes que nos han legado el urbanismo tira pa diante tuvieron un cooperador ilustre. Ocupado en graves asuntos de Estado -como la Ciudad de la Cultura, traer a Pavarotti o construir polígonos industriales en los páramos-, don Manuel no estaba para menudencias, como que en muchos puntos de la Galicia urbana y próspera se necesiten 45 minutos de coche para recorrer 12 kilómetros de tapón. El resultado de tal modelo es, por ejemplo, que hoy tenemos 300 millones de euros enterrados en la Montaña Mágica, pero el aeropuerto de Alvedro, que está a 300 metros de una autopista, carece de conexión a ella, y la autovía Vigo-Porriño (una de las más letales de Europa) sigue sin alternativa.