De broma y de veras

OPINIÓN

TOMANDO prestadas las palabras de Remigio Vilariño, que creó la revista De Broma y de Veras (1911), y entretuvo nuestra infancia con sus Cuentos de colores , voy a comentar el lapsus linguae de los dos Bugallo (Xosé y Ánxela) que, sin darse cuenta de la trascendencia de sus palabras, compararon la Cidade da Cultura con la catedral de Santiago. El error de la comparación no está en los aspectos materiales, o en la osadía de contraponer la obra de los maestros Bernardo y Mateo, que dieron vida a la tercera basílica, con la de Eisenman y otros arquitectos -madrileños- que se están forrando en el Gaiás, sino en el hecho de confundir el capital material, más o menos vistoso y llamativo, con el capital simbólico. Las catedrales de Chartres y Amiens son más grandes y bellas que la de Santiago, están más limpias y cuidadas, y no tienen la cantidad de estorbos (tarimas, pantallas, barreras y letreritos horteras) que enturbian la soberbia intimidad de nuestra catedral. Pero ni Chartres ni Amiens, ni Reims o Estrasburgo, lograron atraer a su entorno la cantidad de fieles y curiosos que llegan a Santiago. Es más, en el tramo español del Camino hay dos catedrales comparables a la de Santiago (Burgos y León), que a muchos peregrinos no les merecen un breve rodeo para visitarlas. Y por eso hay que concluir que lo que llama la atención de los viajeros a Santiago no son las piedras románicas y barrocas de su hermosísimo templo, sino los huesos del muerto que yace dentro, con toda la parafernalia de creencias, símbolos, mitos y cultura que se concitan en torno a la tumba humilde del Libredón. El templo laico del Gaiás, que yo sepa, no tiene muerto. No fue hecho para cubrir de gloria una sepultura, o para servir de mojón a la cristiandad católica, o para marcar el vértice legítimo de una Europa refundada. El templo del Gaiás se hizo para nada, por pura soberbia histórica, para inmortalizar lo fugaz y para pasmar por lo civil a los que vienen a Santiago a pasmarse por lo religioso. Y por eso estamos en la anticatedral, en el intento de cambiar lo simbólico por lo material, lo religioso por lo cívico, lo imperecedero por la moda y a Fraga por el Zebedeo. Y eso es tanto como decir que una comparación entre el Gaiás y el Libredón es un sacrilegio, o una muestra de la desorientación con la que nos estamos enfrentando a un problema -económico- tan grande. La Basílica del Salvador -catedral de Santiago- es la consecuencia de un hecho anterior, y tenía sentido desde la primera piedra. Pero la Cidade da Cultura -mausoleo del Gaiás- es la consecuencia de un sueño de grandeza ridículo y patán, y carece de sentido en toda su extensión. Ese es el problema.