DESDE 1989, los incendios se convirtieron en arma política. Tras una comparecencia parlamentaria del presidente equilibrada y reflexiva, el análisis de la catástrofe empezó a torcerse cuando la mayoría denegó una comisión de investigación, contradiciendo la práctica política de siempre predicada. Cierto que el artefacto parlamentario, que sustituía la solicitada comisión de investigación por otra de estudio ampliada, no tendría más consecuencias que su difícil explicación ante la ciudadanía y dotar a la oposición de un arma arrojadiza contra el Gobierno, si al tiempo no se hubiesen desarrollado otros desencuentros de mayor calado en torno a los incendios. Desencuentros sintetizados a nivel de calle por las manifestaciones de SOS Lume y Nunca Máis, pero sobre todo porque frente a la culpabilización del Gobierno por parte de la oposición, se culpó a los ayuntamientos. Y uno no duda de que es en esa colisión donde se encuentra el núcleo de la actual tensión. No se puede negar que la circular de los populares coruñeses a sus alcaldes existe, y por tanto dificultar la gestión del sistema antiincendios era una estrategia de la oposición. Tampoco parece posible ignorar que en tantos años de confrontación política frente a los incendios, nadie había señalado hasta ahora en tal gestión las responsabilidades del poder municipal. Y por último, y aunque de los informes publicados se deduce que ayuntamientos de todo color político se desligaron de la gestión del operativo antiincendios, aquéllos de obediencia popular fueron desproporcionadamente mayoritarios. Pero todo ello no resuelve en su totalidad interrogantes y preguntas frente a la catástrofe, sino que dificulta su comprensión y, sobre todo, un debate sereno y centrado ante un problema, el de nuestros montes, que estamos lejos de resolver, siendo previsible que la actual confrontación se mantenga hasta las lindes de la próxima cita electoral. Unos, los poderes municipales mayoritariamente populares, utilizándola como elemento de cohesión propio y de desgaste del Gobierno, y los otros -Gobierno y mayoría parlamentaria- atrapados en una estrategia cuando menos carente de perspicacia, porque en torno al ofendido honor del poder municipal tendrán cabida otros intereses. Hasta un nuevo verano.