Anxo Quintana ya ejerce de líder

OPINIÓN

SI ANXO QUINTANA se sintiese débil, o si los militantes del BNG lo considerasen prescindible, no hubiese perdido la votación del consello nacional, ya que, para salir victorioso de tan anecdótica batalla, le hubiese bastado con admitir las razones de oportunidad de Paco Rodríguez y dirigir el frente nacionalista al socaire de los vientos. Pero la batalla de fondo es más importante que la victoria de un día, y por eso se entiende que Quintana haya preferido perder una votación formal a cambio de iniciar la irreversible renovación del BNG y la definición de su papel en la Galicia del futuro. El debate, si bien se mira, es nominalista. Porque si la UPG es un partido, y controla las asambleas, de poco sirve, en términos políticos, la pátina frentista del nacionalismo. Y por eso puede decirse que la votación del sábado tenía una importancia menor, ya que, lejos de hacerse en el marco de un debate sobre los modelos de organización del nacionalismo, se hace sobre las estrategias políticas de la UPG, las mismas que antes se deshicieron de Beiras, y las que ahora quisieron recordarle a Quintana quién lleva el timón detrás de las bambalinas. Pero Quintana no se dejó amilanar. Plantó cara, y demostró que su sector, el del realismo político que necesita y favorece el amplio electorado del BNG que no es militante, es igual que la UPG. Y por eso carece de importancia una derrota que, para producirse, tiene que unir a todas las visiones incompatibles del frente (UPG, Inzar, camilistas, beiristas y no adscritos) bajo el argumento coyuntural de la oportunidad. Lo único que quedó claro el sábado es que el futuro inmediato del nacionalismo pasa por el liderazgo de Quintana, y que todo lo que no sea avanzar hacia la consolidación de un partido reconocible dentro de la actual cultura electoral de los gallegos constituye una regresión hacia el testimonialismo político y la marginación institucional que Beiras combatió con tanto esfuerzo y eficacia durante cuatro intensas legislaturas. Claro que lo que yo presento como un proyecto de continuidad entre Beiras y Quintana se mostró el sábado como una división irreconciliable entre dos amigos separados por una sucesión mal asimilada. Pero estoy seguro de que esa paradoja no es más que la visión miope de un problema que, puesto en amplia perspectiva, empieza a poner a Quintana en la misma posición en la que muchos -dentro y fuera del BNG- deseábamos ver a Beiras. Lo que se juega en la asamblea de diciembre no es el futuro de Quintana, sino el del BNG. Y por eso puede decirse que el sábado se dio una votación paradójica: los que ganaron van perdiendo, y el que perdió -«c'est la vie»- está empezando a ganar.