La Fallacci

| FEDERICO FERNÁNDEZ DE BUJÁN |

OPINIÓN

15 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

HA MUERTO Oriana Fallacci, escritora, pensadora, activista y, por encima de todo, periodista. Italia, un país de enorme peso moral y profesional en el periodismo, la literatura y el pensamiento, acaba de perder a su escritora más conocida del siglo XX. La Fallacci, junto con Indro Montanelli, son las figuras señeras del Corriere della Sera , uno de los periódicos más leídos e influyentes. Su ira y sus enfados, vertidos en sus artículos, provocaban de inmediato la polémica. Amada y detestada por sus opiniones descarnadas, tuvo la capacidad de provocar el enfrentamiento en los lectores. Su personalidad arrolladora se trasluce en sus escritos. Su pasión por la vida deviene pasión por la escritura, que cuida con rigor y mimo. Sus escritos son una prolongación extrahumana de su persona, al tiempo dulce y feroz. Sus emociones desbordan su pensamiento. Escribe con la misma vehemencia que vive y sus libros provocan la misma reacción con la que han sido concebidos. Al abordar un tema lo hace con tal intensidad que lo lleva al límite, expresándolo de la manera más extrema. Nace en Florencia en el período de entreguerras. Su padre, activo antifascista, la compromete desde niña con la libertad, encomendándole peligrosos servicios en la lucha contra el fascismo. Se inicia jovencísima en el periodismo. Protagonista de excepción de las guerras y de la historia del pasado siglo, su lucha titánica contra el cáncer la hizo, en algún momento, parecer indestructible. Así, desde hace más de diez años hablaba cara a cara con la muerte, desde su casa en la Segunda Avenida neoyorquina. Es demasiado pobre reducir su pensamiento a sus últimos escritos vinculados al 11- S. Su obra, además de miles de artículos periodísticos, suma 15 libros publicados entre 1956 y el 2005, la mayor parte traducidos a más de veinte lenguas. Su coraje, su honestidad intelectual y su vaciamiento en el ejercicio de la profesión son incuestionables. En vida, su personalidad ha despertado miles de vocaciones periodísticas en Italia. Después de muerta, viva en su escritos, su obra será objeto de atención y estudio en las redacciones de los periódicos y en las facultades universitarias.