Subtítulos

La Voz

OPINIÓN

PACO SÁNCHEZ | O |

15 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

PERTENEZCO al prototipo de español que, según un chiste ya viejo, se pasa la vida aprendiendo inglés. Hace mucho que no voy a clases -una eternidad, casi-, pero leo bestsellers en inglés por aquello de que la trama tira de ti, y porque se supone que utilizan un lenguaje actual. También procuro ver, con tanta frecuencia como puedo, películas en inglés con subtítulos en el mismo idioma. Quizá esto último tenga la culpa de todo. La culpa de que en algún momento me creyera que realmente sabía inglés. Caí de la burra hace dos semanas. Tuve que asistir a una reunión de tres días que se desarrollaba sólo inglés y, bueno... Soy consciente de que Dios no me ha dotado de oído musical alguno, y ese problema complica también la capacidad de imitar fonéticas extranjeras. El primer día entendí bastante, pero en un porcentaje lejano al que mis películas en inglés me habían hecho imaginar. Porque, claro, la gente hablaba sin subtítulos. Cuando ya has visto muchas películas con subtítulos, terminas por pensar que, en realidad, podrías prescindir de ellos sin que pasara nada. El ojo se acostumbra y ocurre que ves las letras sin darte cuenta de que las ves y escuchas las palabras sin percibir que las estás también leyendo. Además, las películas se estructuran en torno a tramas narrativas en general poco complicadas y fáciles de seguir. Pero la vida no. La vida es complicada e imprevisible, está repleta de malas dicciones y de medias palabras, de bromas oscuras, de risas y besos que se comen sílabas, de juegos verbales y de trampas. Y no hay más subtítulos para ayudarnos que la educación y, después, la experiencia. Rara vez la segunda suple la primera. Lo digo por ese informe de la OCDE que coloca nuestro sistema educativo en la cola de los países desarrollados. pacosanchez@lavoz.es