¿QUÉ pueden tener en común una encuesta de Radio Sawa, la cadena bagdadí en FM, y los sermones de los viernes de las mezquitas de la capital iraquí? ¿Qué vinculación puede haber entre la retransmisión de Radio Sawa de las opiniones de sus oyentes y la utilización por parte de los mulás del foro que la oración les facilita? Inicialmente se podría afirmar que la utilización de la lengua árabe, la ubicación en Irak, y poco más. La primera, una radio «libre» financiada con fondos norteamericanos, retransmite para un público variado cada cuarto de hora las noticias más relevantes del Estado iraquí y del mundo. Los segundos se dirigen a un público más reducido y selecto, los fieles que acuden a la oración principal del día festivo islámico, su financiación depende de la aportación de los devotos y no admiten ni la discusión ni la discrepancia. Pues bien, aunque parezca imposible, tienen en común la referencia a las mayores preocupaciones de los iraquíes: desde la inseguridad hasta el deficiente suministro de agua potable, electricidad y combustible, pasando por la crisis económica. Versiones diferentes, pero convergentes, de un país que tiene la segunda reserva de petróleo más importante del mundo y los recursos hídricos más relevantes de la península arábiga. Los argumentos de partida son diferentes, pero la opinión expresada acaba siendo casi unánime en la crítica a un Gobierno débil y dividido. Desde hace tres años y medio los iraquíes viven en democracia y pueden expresarse libremente para quejarse de sus carencias en un país devastado, en donde sobrevivir está resultando más difícil que en época de Sadam. Transcurridos 5 años desde los atentados del 11-S en los que murieron 3.000 norteamericanos, cada mes son 3.000 las víctimas iraquíes que nadie puede impedir, aunque, eso sí, se pueda hablar todo lo que se quiera de ellas.