La rabieta de Iñaki

OPINIÓN

NO ME gusta hacer comentarios sobre ETA, Batasuna, sus acólitos o afines porque considero que cualquier mención que se haga sólo beneficia a la causa que propugnan. Y no es que defienda el silencio y la ocultación, sino que considero que hay que ser muy cuidadoso con la información que se divulga para que no se convierta en publicidad gratuita del terror. No obstante, en esta ocasión me permitiré reflexionar sobre el último episodio, o mejor dicho, «rabieta», del etarra Iñaki Bilbao, versión mejorada, del «insigne» Txapote. No es que se pueda esperar mucho de quien bajo la insignia nacionalista, y con un ideario trasnochado, comete crímenes y tropelías en un Estado libre y democrático como el nuestro, pero al presenciar y escuchar los insultos y gestos amenazantes de Iñaki Bilbao durante la vista oral del jueves, es inevitable que le vengan a una ciertas ideas a la cabeza. En primer lugar, la suerte que tienen estos «presuntos» delincuentes de que en este país se respeten las garantías legales que un Estado democrático prevé, hasta el punto de permitirles reiterar sus insultos y amenazas en la sala de un tribunal durante la vista oral de un juicio contra ellos. No han tenido la misma oportunidad sus víctimas. En segundo lugar, admirar la profesionalidad del juez, el fiscal y los policías presentes en la sala, que han sabido reducir a un impresentable así sin violar ninguno de los derechos que la Constitución le garantiza, a pesar de que, como dicen ellos, sean vascos y no españoles. En tercer lugar, lamentar que personajes como Iñaki Bilbao se permitan acusar de fascistas a quienes velan por el cumplimiento de las leyes cuando lo son ellos por el uso que hacen de la violencia y el terror contra quienes sólo queremos convivir en paz.