TRAS LAS notas de prensa oficiales, abundan los medios de comunicación en las informaciones acerca de los resultados de la accidentalidad en el tráfico de julio-agosto 2006, sin que falten las reflexiones comparativas con los datos de iguales períodos en años anteriores. No vamos a repetir cifras, sino a fijarnos, sólo, en algún punto. Es prioritario notar que en el conjunto español la cifra de víctimas mortales durante julio-agosto del 2006 disminuye en porcentaje equivalente al 20% respecto de igual período del 2005, en tanto que en Galicia la reducción de víctimas mortales es de escasa relevancia y se traduce en poco más de un 5%. Ocurre que nuestra comunidad había sufrido un pavoroso mes de julio, con 34 personas muertas, y de ahí esa importante diferencia de indicativos. De todas formas, se trata de resultados positivos y, por eso, esperanzadores. En la favorable progresión española, como no podía ser menos, hay laudes para el sistema del permiso por puntos, como razón básica de la mejora. Bien, pero en la referencia a Galicia queremos atender a otro aspecto de la cuestión. Después de ese dramático mes de julio, llegaron proclamas acerca de la necesidad de intensificar la vigilancia de la circulación en carreteras secundarias, necesidad ya bien manifiesta antes, sin más que atender al hecho de que en el año 2005 más del 50% de los accidentes mortales en Galicia habían tenido lugar en vías autonómico-comarcales (35%) y en vías locales (15%). Y lo decimos con la intención buena de que perdure esa intensificación en unos y otros viales. Nótese que en esta comunidad las carreteras estatales suman 2.200 kilómetros, siendo 5.500 los kilómetros de carreteras comunitarias y 10.000 los kilómetros de vías de diputaciones y ayuntamientos. Y asombra saber que hay una red de hasta 12.000 kilómetros de caminos abiertos por distintos entes -Iryda, Icona, municipios- sobre los que no dejan de circular vehículos de motor. Es todo un desafío para la vigilancia del tráfico, piedra angular de la seguridad vial, al menos hasta la aproximación de los usuarios al cénit de la urbanidad.