LA PRENSA recogía recientemente unas manifestaciones de un asesor del presidente Zapatero en las que el diplomático manifestaba que Irán tenía derecho a tener el arma nuclear dado que varios de sus vecinos la poseían ya. El asesor, es obvio, hablaba a título estrictamente personal, pero habrá causado alguna perplejidad en más de alguno de nuestros aliados. En momentos en que el Consejo de Seguridad, con Rusia y China incluida, le pide insistentemente a Irán que no se embarque en esa carrera armamentista y la Unión Europea, tan dividida en otras ocasiones, presenta, con Francia, Alemania y Gran Bretaña a la cabeza, una postura monolítica frente a las veleidades nucleares de Teherán, que una persona cercana al jefe del Gobierno de un país europeo dé a entender que Irán tiene derecho a buscar la bomba socava, aunque sea levemente, la cohesión europea y habrá colmado de satisfacción a los del otro bando, a algún ayatolá de la rama extremista. Simultáneamente, el régimen iraní da un nuevo paso. Inauguraba el día 26 una fábrica de agua pesada, un gesto que la Agencia Internacional de Energía de la ONU, encargada de intentar detener la proliferación nuclear, le había desaconsejado que hiciera. El agua pesada como tal puede ser utilizada para fines pacíficos, pero de la fábrica saldrá también plutonio que puede ser usado para la fabricación de la bomba. La Agencia de la Energía sabe que con esta técnica, Corea del Norte, India y Pakistán y tal vez Israel se dotaron probablemente del arma nuclear. La apertura de la fábrica, que para muchos es un gesto desafiante, se producía cinco días antes de que finalizara el plazo que el Consejo de Seguridad de la ONU dio al Gobierno iraní para que detenga el enriquecimiento de elementos que serán el paso previo a la bomba. Teherán sigue mostrando aplomo y audacia. Aunque la oferta de ayuda técnica que le hizo Europa, con apoyo del Consejo de Seguridad, para que detenga sus actividades nucleares, no ha sido frontalmente rechazada, los iraníes siguen hábilmente jugando al ratón y al gato. Algo que en otro momento hubiera tenido una réplica inmediata de sus adversarios. Contestan que necesitan mayores aclaraciones de la oferta -subrayan que han detectado «cincuenta ambigüedades»-, pero continúan sin detener su proceso de enriquecimiento. ¿Qué permite a los dirigentes iraníes seguir jugando al ratón y al gato con las máximas instancias internacionales en unas justas verbales que acabarán, y no hay que ser muy pesimista para vislumbrarlo, con su posesión de la bomba atómica? Dos factores fundamentales: el primero es que Estados Unidos está aherrojado en Irak y la opinión pública estadounidense, crecientemente desencantada con la implicación militar en aquel país, no quiere en absoluto abrir otro frente en el vecino. La segunda es la actitud de Rusia y China. Tanto Moscú como Pekín tienen toda clase de aprensiones ante el hecho de que surja un nuevo país provisto del arma nuclear. Por ello han apoyado las recientes resoluciones en la ONU conminando a Teherán para que se detenga. Ahora bien, su actitud, en el fondo, es tibia. Cualquier explicación dilatoria de los iraníes es rápidamente aceptada. No es descartable que, por ello, dentro de unos cuatro años nos encontremos con una revelación inquietante: un país con dirigentes inclinados a las manifestaciones altisonantes («Israel no tiene razón de existir») posee el arma nuclear.